Al fin una casa

Todos tenemos en mayor o menor medida el deseo de construir un hogar, de sentir como nuestro un espacio, cuatro paredes que nos den seguridad. En ocasiones tener una casa se convierte en un sueño. En “Al fin una casa” de Paco Díaz, aparece un palafito minimalista de sólidos y profundos pilares anclados en la tierra. Una construcción que surge entre las tumbas y que podría estar hecho con el metal reciclado de las antiguas vías por donde circulaba el ferrocarril que paraba en la estación de Boadilla de Rioseco. El ayer, las viejas tumbas, y el hoy, la construcción de acero; lo antiguo y lo moderno se funden en el cuadro.

“Al fin una casa” de Paco Díaz está pintado con óleo sobre lino y tiene un tamaño de 162×130 cm.

Ángel Sánchez en el tejado, Jesús Andrés en la escalera y Federico Melero abajo a la derecha

Últimos remates antes de dejar instalado el “trapantojo” en el paisaje de Boadilla

Evelio Gayubo, José Badiola y Federico Melero, los primeros visitantes la misma tarde de dejar colgada la obra “Al fin una casa” de Paco Díaz

Atardecer sobre la lona y primeras visitas, en este caso amigos del pueblo vecino de Villalón

Un pensamiento en “Al fin una casa

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