11_Epistolario

Un epistolario es un libro o cuaderno en que se hallan recogidas varias cartas o epístolas de un autor o de varios, escritas a diferentes personas sobre diversas materias. A continuación unas cuantas, escritas desde lo más profundo de la memoria.

 

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Un tipo que quita el hipo

El paisaje de Tierra de Campos es de horizontes infinitos con suaves ondulaciones del terreno. Está atravesado por algunas carreteras de largas rectas y tienen un mantenimiento que deja mucho que desear. Antiguamente eran caminos por donde solo transitaban grupos de labradores, carros y los solitarios pastores con sus rebaños. La llegada de la motorización del campo, y la de los pocos habitantes que se lo podían permitir, hizo que a mediados del siglo pasado esos caminos se ensancharan y pavimentaran.

La carretera que se ve en la foto apenas soporta tráfico y seguramente sea de las más cortas de la comunidad castellano-leonesa. Es la P-934 que une Guaza de Campos con Boadilla de Rioseco. Tan corta en longitud como corta fue la vida del apuesto joven que aparece sentado en unos de sus márgenes.

El muchacho era un excelente modelo, alto y , como dirían en el pueblo, bien parecido. Podría haberse ganado la vida muy bien trabajando en el mundo publicitario. No tuve muchas ocasiones, pero las veces que volvía por el pueblo y nos encontrábamos, no perdíamos la oportunidad de hacer algunas fotos. Él, un tipo elegante, siempre iba perfectamente “arreglado” aunque no fuera a salir de las cuatro calles que tiene nuestro pueblo. ¡A cuántas chicas habrá quitado el hipo este tipo!

El chaval que tan relajada y naturalmente se ponía delante de mi cámara como si lo hiciese cada día, era un auténtico artista en otras facetas de su vida. Una de ellas dibujando y haciendo cómics, jugando al golf, conduciendo, fotografiando y relacionándose con los demás. Un buen relaciones públicas.

La tarde que hicimos la foto, era marzo de 1996, nos fuimos a dar una vuelta andando por las dos carreteras que atraviesan el pueblo. Durante el paseo íbamos hablando de lo bueno y lo malo, de las ventajas y de los inconvenientes de ser joven y vivir en un lugar donde solo había dos oportunidades de ganarse la vida: el campo o la construcción. El optó por la segunda salida. Precisamente hoy 10 de julio, onomástica de San Cristóbal, santo patrón de los viajeros y automovilistas, hace 9 años que una salida de su vehículo de la carretera CL-613 le segó la vida.

Nueve años después, seguimos esperando que Juan José Areños Diez aparezca por alguna de las calles de Boadilla con su larga melena al viento y, llegado el calor del verano, con el torso desnudo. Un torso que para sí quisieran muchas estatuas clásicas griegas. ¡Aún nos parece mentira!

Un beso para “la escultora” de tan singular obra de arte, su madre Mercedes y para su hermano Alexis.

Boadilla de Rioseco, 10 julio 2014

 

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Cuatro generaciones con suerte

La de mayor edad, la matriarca del clan se llamaba Francisca García Decimavilla. Nacida en el año 1895 en Boadilla de Rioseco y después de una larga vida, siempre compartida con los suyos, la muerte le pilló en Barcelona con 99 años. Germán, su marido, fue agricultor y ambos regentaban un despacho de pan en el pueblo. Tuvieron cuatro hijos, Epifanio, Pascual, Esperanza (que fue monja) y Dolores Melero, la mujer que está a su derecha.

Dolores y su marido Bernardo tuvieron tres hijos. La familia emigró a cientos de kilómetros, cuando las casas y las calles del pueblo empezaron a quedarse sin gente y sin vida por culpa de la mecanización que estaba invadiendo el campo. Extraños y ruidosos artilugios sustituyeron a las personas y a los Tejedor-Melero no les quedó otra alternativa en 1968 que cerrar su pequeño negocio y emigrar muy lejos, a Barcelona.

En aquellos años, recorrer los 750 kilómetros que separan el pequeño pueblo castellano y la gran urbe catalana era toda una odisea, un viaje en auto que podía durar toda una jornada. Es la distancia más lejana que les separó a ambos de su tierra. ¿Cuantos viajes de ida y vuelta habrán hecho con sus hijos Esteban, Teodoro y María Dolores? Esta última nacida en 1956 es la que está de pie detrás de su madre y su abuela.

La infancia de la nieta de la señora Francisca se vió truncada por la emigración. De los familiares rostros de sus paisanos, a compartir juegos con desconocidos compañeros. De pasear por las tranquilas calles de Boadilla a tener que cruzar de la mano de Dolores las peligrosas calles cargadas de tráfico. El amor la terminó acercando un poquito más al pueblo, se casó con Javier Bernal y vive en Zaragoza, donde trabaja de enfermera.

91 años separan a María Bernal Tejedor (1986), de su bisabuela. La más pequeña de la saga es la única que no nació en Boadilla. Cada verano vuelve a recorrer las calles, ahora asfaltadas, por las que su madre María Dolores corría de niña. Ojalá que disfrute de una larga vida como la Señora Francisca y la viva siempre compartida con los suyos. Recogemos lo que sembramos. Es la entrañable lección que aprendí aquella tarde que fuí a visitar a Francisca y a su familia. ¡Qué suerte tuvo!.

Boadilla de Rioseco. agosto 1992

 

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Jesús que noches

Javier, vete en “cá la Mari” y te traes cuarto y mitad de garbanzos para el cocido de mañana. Vaya ¡Con la calorina que caía en los veranos! Cerca de la casa de mis abuelos estaba uno de los dos pequeños comercios que aún quedaban en el pueblo. Al abrir la puerta de la tienda sonaba una campanilla, era la manera de anunciarse y de avisar a Mari que habían entrado y que había que salir a atender. Tengo grabado el sonido de aquellas campanillas en el cerebro. Sonaban dos veces, al entrar y al salir. Podría identificar después de 40 años aquel tintineo entre miles de campanillas, aunque replicaran todas a la vez.

Al que no pondría cara, después de todos estos años, es a la criatura que andaba gateando por el suelo del local y al que por poco no le dejo los cinco deditos de su mano derecha estampados en una de las baldosas rojas primorosamente enceradas. La puerta se paró a escasos milímetros del niño Jesús. Jesús Carriedo.

El tendría poco más de un año y yo cerca de los 10. Así me crucé hace tiempo con Jesús Carriedo, el gateando por el suelo, aprendiendo a dar los primeros pasos de la vida y yo andaba de vacaciones haciendo un recado a mi abuela Juliana. El mediano de Simón y Mari (aún no había llegado a este mundo Miguel) era un tipo abierto, hablador, divertido y muy juerguista. Tanto como yo. Con los años coindimos en los meses de verano disputando algún campeonato de golf, en las peñas durante las fiestas patronales y disfrutando de las innumerables salidas nocturnas a las discotecas de Sahagún y Rioseco. ¡Qué manera de bailar, qué manera de beber, qué manera de reír, qué manera de vivir y… qué manera de volver!

Qué milagro poder estar contándolo ahora.

La última vez que tuvimos la ocasión de cruzarnos, era agosto de 2011, fue en la plaza mayor de Boadilla cerca de su casa. Estaba subido a lomos de una preciosa moto, un capricho que acababa de regalarse.

Con Jesús las noches se hacían muy cortas. Me gustaba mucho verle bailar, tenía una manera muy plástica de hacerlo. No se cortaba un pelo cuando salía a la pista y se dejaba llevar por la música. Con el tiempo no entendí cómo no nos habíamos estrellado a altas horas de la madrugada en una de las pocas curvas que tienen las carreteras de la plana meseta castellana. Tuvo que ser bañándose en el Atlántico, en una playa del sur y por culpa de un fuerte oleaje donde se dejó la vida. Con toda la que le quedaba. Conocí a Carriedo de día y lo disfruté de noche. Espero que allá donde estés tengas a mano un buen equipo de música y a tus pies, unas buenas baldosas bien enceradas donde poder bailar hasta el amanecer. ¡Espérame en el cielo, pero sin prisas majón!

En la imagen, Jesús en el interior de una bodega del pueblo rodeado de grandes canastos de mimbre, el día 11 octubre de 1991

Boadilla de Rioseco, 25 agosto 2014

 

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Hoy hace un año

No puede ser. Desde esta mañana que entré en este foro y leí la noticia, no puedo quitarme de mi cabeza el nombre de Vitorino, de su madre Antonina y de sus hermanos. No puede ser que una vida se siegue con tan solo 33 años. Allí donde estés amigo Tori Toro, envíanos la energía para pasar este mal trago y sobre todo a tu madre y hermanos. Te recuerdo vagamente en brazos de tu madre con apenas un año de edad durante unas vacaciones de verano. Te recuerdo con algo más de nitidez, años después, un mes de diciembre en la puerta de la iglesia de Santa María mirando el nacimiento que había instalado aquel año José, el hermano del cura Don Antonio. Te recuerdo en las eras como le pegabas a la madera y a los hierros jugando al golf. !Cómo disfrutabas!. No lo hacías mal. Te recuerdo las últimas veces que se cruzaron nuestros caminos; hace un año estabas empuñando las herramientas de trabajo rematando la peña.
Meses después, mediados de noviembre, estabas con un grupo de amigos en la peña. No lo estabais pasando mal porque las risas se oían desde la plaza. La última vez (quién me lo iba a decir a mi), en abril de este año hablando de cómo estaban las cosas en el trabajo… Estabas en tu cochera haciendo unos arreglos en el suelo. Como siempre, con tu eterna sonrisa. Siempre nos quedará el recuerdo de una criatura que era incapaz de hacer el mal y al que la vida no le brindó una segunda oportunidad. No es justo. Un fuerte abrazo allá donde estés. También para tus amigos de la peña “El Banco”

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29 mayo 2012

Reencontrar al amigo

Nos podríamos encontrar con Vitorino Toro (Tori Toro) en una reguera, debajo un puente, en cualquiera de los caminos de tierra o en el asfalto de las rondas. Al doblar una esquina, en el teleclub jugando a las cartas, en alguna de nuestras pequeñas plazas. En la peña con sus amigos disfrutando de un partido de fútbol, en la calle los Lienzos donde vivía con su madre, la desconsolada señora Antonina. En las eras del cementerio jugando al golf, a la salida de la iglesia de Santa María o cargando con San Isidro en las fiestas de septiembre. Camino de Villalón dirigiéndose diariamente a su trabajo o en dirección contraria, a Villada los fines de semana para tomarse un vermut. Donde quiera que te lo encontrases, siempre llegaba antes a los oidos su risa, que a los ojos su enorme humanidad.
En cualquier lugar nos podríamos reencontrar con Vitorino, en cualquier momento nos viene a la memoria. Siempre estarás entre nosotros. ¡Bendita memoria!

BdR_A, 29 mayo 2014

 

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Un buen modelo

Julian en la antigua caseta de la carretera. El paisano estaba siguiendo, como un excelente profesional, las indicaciones que le daba Juan Carlos. Aquí tenemos a Julián Ruiz esperando el autobús? Oteando el horizonte? O quizás resguardandose del frío cierzo? Quien lo sabe?. Por el resultado de las fotos Julián era un buen modelo. 
 
Septiembre 1995

 

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Dos pastores, dos rebaños

Cuando era un niño puse nombre al medio centenar de árboles que hay en las linderas del camino que lleva a la ermita. Había un árbol, el más hermoso de todos al que llamé “el pastor”. El resto, bastante más pequeños, eran las ovejas. Un rebaño verde, mudo y estático. Con los años, el rebaño vegetal ha ido perdiendo unidades; la edad, y las inclemencias de los frios inviernos, han ido haciendo mella en él.

Lo mismo que a Faustino Alonso Pérez, el pastor de la imagen, que con el paso del tiempo ha menguado su capacidad física y el número de animales. Antes de comprar las ovejas a sus padres había trabajado de albañil, pero lo dejó porque alguien se lo quiso llevar fuera de Boadilla y el no quería marcharse del pueblo donde nació. Lo más lejano que ha estado ha sido en Galicia, a 300 kilómetros, durante su viaje de novios.

Una lesión y la edad le impiden asumir más trabajo del que tiene ahora. No hace mucho se desprendió de medio rebaño porque el tendón de su brazo izquierdo no puede soldarse bien y le impide subirlo. Nuestro amigo necesita muy poco a estas alturas de la vida para seguir tirando “pa’lante”. Sus hijas Rosa y Ana, casadas con una pareja de hermanos, volaron del nido y viven en un pueblo no muy lejos de allí.

A punto de llegar a la edad de jubilación, nuestro amigo pasa cada día por el camino donde siguen impertérritos e inmóviles los árboles que le ven pasar cada jornada. Hay dias, sobre todo cuando sopla con fuerza el cierzo y mueve las hojas, que el gigante parece querer decirle algo. Lo que no ha hecho nunca es volver la cabeza para ver cómo Faustino Alonso Peréz dobla la esquina de la ermita y se pierde por el polvoriento camino de Carrabarga hasta la Cañada de San Miguel.

La de kilómetros que habrá recorrido Faustino cada día con su rebaño por el precioso camino en los miles y miles de viajes. Por suerte, para el y los suyos, siempre de ida y vuelta. Boadilla de Rioseco, 12 mayo 201

 

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Una y no más

Quise arrimar el hombro y de paso hacer unas fotos, y casi me dejo los riñones. Jolín con la vendimia ¡el trabajo que acarrea! No sabía yo lo ingrato y duro de la tarea que me esperaba aquel 12 de octubre, día del Pilar. Lo recuerdo perfectamente porque era la onomástica de Pilar Aparicio, la hija de Pío y Cecilia. En la foto la mujer que se cubre la cabeza con un pañuelo y lleva un mandil de color blanco. Me daba sopa con ondas la buena señora cortando los racimos de uvas coloradas. Aquella jornada la aguanté como pude, pero al día siguiente me excusé para no volver a dejarme los riñones en aquella tarea para la que no estaba entrenado. Con el trabajo que conlleva producir un simple vaso de vino y lo fácil que es bebérselo.

¡Cada día, cada hora y cada minuto! Siempre hay un motivo para brindar por gente como ellos.

Familia Melero-Aparicio. Tareas que se han perdido en Boadilla. Lo que antes era una fiesta ahora ya es un recuerdo. En la foto Pilar, la señora del pañuelo, detrás de ella María José, Luis doblando los riñones y a su espalda Bernardo, su hermano. En el fondo a la izquierda de la foto… un holgazán de tomo y lomo… Jesús que tipo!

Boadilla de Rioseco, 12 octubre 1992

 

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La tibia de liebre

Juan Prieto ya estaba jubilado y tenía por costumbre, los días que el tiempo acompañaba, ir a sentarse a una de las mejores butacas donde ver pasar el tiempo y a los viandantes, la dura piedra caliza con el que estaba construido el puente sobre el río Sequillo. Juan siempre andaba con su pipa de hueso de liebre, concretamente la tibia. Lo del hueso del animal era para que el humo no le llegara a sus ojos mientras estaba agachado labrando la tierra. A lo largo de su vida consumió muchas tibias de liebres. Al fondo, como un hito del paisaje, el solitario álamo de la carretera de Cisneros.

Boadilla de Rioseco, Agosto de 1991

 

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Esperanza y su puntero

La señora de la imagen es la viuda del señor Juan Prieto, el paisano que está sentado en el puente, el de la foto de anterior. Esperanza, que así se llama la señora, no quiso perderse la instalación de algunas obras del proyecto Boadilla de Rioseco Arte. Es una de las personas más longevas del pueblo, y en la instantánea está señalando con su bastón, al cuadro con la imagen de San Isidro labrador antes de ser colgada en su lugar de destino. Aunque dice tener la vista algo cansada, ha reconocido al santo y algunas de las siluetas las ha puesto nombre, entre ellas a uno de sus nietos. A pesar de los muchos “años acumulados”, tiene una estupenda memoria. Fue durante unas cuantas décadas la esposa de Juan (el de las tibias de liebre y en la foto de arriba), hasta que la muerte les separó.

Boadilla de Rioseco, 14 de marzo 2010

 

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Esperando al panadero

Teodora Melero, Mercedes Diez y Mari González están en corrillo charlando de sus cosas mientras esperan a uno de los panaderos que suministran a diario tan preciado alimento. Hace años que en Boadilla no se elabora pan. Antiguamente eran varias las panaderías donde se fabricaba el pan que se consumía en el pueblo y alrededores. En una tierra donde se cosecha un magnífico cereal, el pan era un producto de una calidad exquisita. Para muchas familias, terminada la guerra, era el único alimento que se podía permitir. Sin ir más lejos siendo aún muy niña, Paula Melero (nuestra madre) acarreaba agua y hacía labores en algunas casa para poder llevarse un chusco de pan a la boca, porque la economía de la familia Melero-Blanco no daba para alimentar a las 9 personas que componían el núcleo familiar.

Que incongruencia, ahora en las mesas de nuestras vecinas llegan alimentos desde puntos tan lejanos como nuestras antípodas (Nueva Zelanda a más de 20.000 kms) pero no el pan que se hace con nuestros cereales. Tan cerca lo lejano (kiwis) y tan lejos lo cercano (Harina).

Boadilla de Rioseco, septiembre de 1995
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Últimas vaquillas

Aquel fue el último año que se trajeron para las fiestas de septiembre. Se escaparon del corral donde estaban encerradas y se armó la marimorena, una de ellas cogió a Remedios. Para hacernos una idea de como eran aquellas vaquillas, la que se escapó hubo que ir a por ella a los desagües de Villalon (11 kilómetros) y la trajeron en el capó de un Seat 124. Hasta las fuerzas del orden público del vecino pueblo de Villada tuvieron que hacer acto de presencia. Llegaron al pueblo para investigar una denuncia de un vecino que le molestaba el jolgorio de los jóvenes. Les llamó diciendo que en Boadilla se estaba celebrando un encierro y ellos levantaron el oportuno informe que sirvió, posteriormente, para imponer una fuerte multa al ayuntamiento que al final se pudo anular.  Jesús Carriedo y Mariano Alonso tuvieron que dar explicaciones a la benemérita. La cosa no paso del susto, pero ya nunca más las vaquillas nos visitaron en las fiestas patronales.

Boadilla de Rioseco, septiembre de 1995

 

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Paisaje huérfano

Los árboles que se ven en los márgenes de la carretera los talaron los de la Diputación provincial porque días antes alguien decidió, en un pueblo cercano, poner fin a su vida estrellándose contra uno de ellos. Pobre familia la del finado, pobres árboles y pobre el paisaje que se queda huérfano de tan importante elemento visual. Javier Melero fotografiado por Juanjo Areños durante un paseo por la carretera de Guaza.

Boadilla de Rioseco, marzo 1996

 

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La luz recuperada

Madre e hijo, ella arriba en la tierra y el abajo en la cueva. Experiencia y juventud, blanco y negro, antes y después. Diferentes como la noche y día, el ayer y hoy, o el frio y el calor. Duro y blando, fuerza mental y fuerza física. Dos mundos muy antagónicos donde no hay lugar para rivalidades, solo hay discordancia para las opiniones. Todo queda en familia. Lo demás es relativo. Pilar Aparicio está vendimiando en el majuelo y su hijo Luis Melero, preparando la uva en la bodega, para empezar a pisarla y exprimir el primer mosto de la cosecha de ese año. Por cierto, no fue una buena campaña para la producción de vino.

Boadilla de Rioseco, 12 octubre de 1992.

 

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Zurciendo viejos sacos

La señora Luisa se pasaba largos ratos cosiendo en las soleadas tardes de los otoños en este rincón frente a la puerta de su casa. En la foto está remendando los sacos que sirvieron para transportar el cereal de la cosecha familiar. Siempre que paso al lado de la puerta, veo a la señora enfrascada en su tarea y mirando con sus ojos cansados por encima de sus gafas mientras me pregunta: ¿A tu edad, y no tienes un árbol donde ahorcarte en Madrid?. Estaba preocupada la amiga de mi abuela porque, llegado ya a la treintena, no me hubiese casado aún.

Boadilla de Rioseco,  agosto 1988

 

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Aliada de la palabra

El matrimonio formado por Jesús Criado y Lucía Alonso son fotografiados junto a su casa en plena calle. El en su juventud fue un excelente jugador de pelota, actividad a la que se dedicaba cuando sus tareas como obrero del campo se lo permitían y ella, las mujeres nunca se jubilan, una entrañable madre, abuela y cocinera. Una característica que saltaba a la vista enseguida era el antagónico carácter de la pareja. Jesús un tipo muy serio, apocopado y poco dado a la palabra, Lucia un torbellino de energía, vitalidad en estado puro que no dejó descansar su voz nada más que cuando dormía. Sin ella las palabras han perdido a una buena aliada.

Boadilla de Rioseco, septiembre de 1995

 

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El cielo y el suelo

Indalecio Marcos dejó de ser un crio y de ir a la escuela por imposición. La contienda civil se cruzó en su recién estrenada vida cuando apenas contaba con 10 años. Eran tiempos en los que escaseaba la mano de obra y a esa edad le cayó la responsabilidad de segar todas las tierras del abuelo junto con una máquina tirada por un par de mulas. Se acabó la contienda pero ya no volvió a incorporarse a la escuela y siguió hasta su jubilación pegado a las labores agrícolas. Lo que nunca se le acabó a Indalecio fue el amor a su mujer, 56 años compartiendo la vida y los hijos, mirando juntos cada día un ratito al cielo y otro al suelo.

Vivir del campo es lo que tiene.

Boadilla de Rioseco, agosto de 1993

 

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Algunos años han pasado ya…

Una talla de poco más de un metro de altura de San Isidro sigue haciendo el mismo recorrido año tras año desde hace más de dos siglos. Los que le acompañan cada 7 y 9 de septiembre van cambiando con el tiempo. Unos son recién llegados, los niños, y otros se van ausentando por la edad. Ida hacia el pueblo y vuelta en dirección a la ermita. ¿Cuántas veces ya?

Boadilla de Rioseco, 7 septiembre 1991

 

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Bodegas en barbecho

Hace años la actividad económica relacionada con la viticultura originaba muchos jornales y, sobre todo, una especie de fiesta popular en la que rara era la familia que no se veía inmersa. Hoy apenas queda nada de aquello, sólo alguna bodega en pie en el camino de Villacarralón. Resultaba difícil antaño ir por el camino y no encontrarse a alguien con su cántaro o garrafón acarreando vino. O al pastor, comiendo un trozo de queso mientras no quitaba ojo a su rebaño. O al labrador en la loma limpiando de hierbas su corro de garbanzos. O el carro colmado de paja que era el combustible para calentar los hogares en el duro invierno. Ahora es difícil ver a alguien.
El primero por la izquierda es Miguel Angel. La chica del centro es Loli Melero hoy la mujer del primero. El “chiquito” más alto que está subido a una de las carrales es Andrés Martínez Casares.

Boadilla de Rioseco, septiembre de 1995.

 

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Oveja sostenible

En el rebaño del corral de mi amigo Mariano Alonso hay una oveja que se cuida mucho de pisar los sembrados ajenos, que no digiere alimentos que no estén producidos biológicamente, que no siembra de cagalitas las calles y caminos. Entre todos estos animales hay uno que no levanta la voz y no rompe la barrera permitida de decibelios más allá de las 12 de la noche, un animal que antes de ser ordeñada, se asea como es debido y está muy quietecita mientras dura la operación.

¿Ya sabes cuál es?. ¡Efectivamente, es esa!

Boadilla de Rioseco, mayo de 1993

 

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Patrimonio visual

La puerta un tesoro, el marco una poema y Mariano Alonso una joya. El patrimonio de nuestro pueblo no solo se puede localizar dentro de los dos enormes templos. En cada calle y en cada rincón hay un poquito de historia. La puerta es de un antiguo trillo, toda una obra de arte, en la que se emplearon cientos de horas horadando la madera y encastrando en cada hueco una piedra se sílex para trillar el cereal. El marco y la viga son de madera autóctona, hoy imposibles de adquirir y de hacer. No quedan árboles y tampoco las manos expertas que lo hacían. Y en cuanto a nuestro amigo, tan solo decir que pocos modelos profesionales se enfrentan a una cámara con la naturalidad de este pastor castellano. Solo hace falta abrir los ojos para apreciar el valor de casi todo lo que nos rodea.

Boadilla de Rioseco, mayo de 1993

 

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Jóvenes y trabajo

Ricardo, Miguel y Luis trabajan en los pocos sectores productivos que ofrece la comarca. Ricardo es albañil y casi todo el año tiene trabajo en el mantenimiento y arreglo de las casas del pueblo. Miguel ayuda en las tareas agrícolas a su padre, en el campo hay unos meses intensivos de faena, el resto del año alguna tarea aislada y esperar que llueva y que salga el sol. La familia de Luis tiene una explotación ganadera y tierras de labranza. Con el ganado ovino hay que estar pendiente todos los días del año, no hay tiempo para la libranza.

Julio 2012. Ricardo sigue trabajando en Villafrechoso, el pueblo de 500 habitantes donde vive. Miguel tomó el relevo de su padre jubilado y Luis está ahora al frente junto con su hermano Bernardo de los negocios familiares.

Boadilla de Rioseco, marzo 1993.

 

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Me llevo una

De fondo una montaña de grano, la cosecha de la familia Cuevas, guardada en la panera esperando que avance el invierno y que el precio del cereal cotice más. El joven es Raúl Cuevas Truyo un nieto del pueblo que cuando se hizo la instantanea estaba pasando unas jornadas de vacaciones a mediados del curso escolar. La mano que amenaza con quitarle la manzana verde es la de su primo Javier Cuevas.

Boadilla de Rioseco, 1993

 

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Una ventana abierta al tiempo

Los horizontes y los cielos infinitos invitan en cualquiera de las estaciones del año a dar largos paseos, solos o acompañados. Una gélida tarde del 3 de enero del año 1993 Tino Pérez Decimavilla y sus galgos, Willy y Nuca, salieron a dar una vuelta por el camino del cementerio.

Boadilla de Rioseco, 3 de enero 1993

 

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Rompe y rasga

Haga frio o calor el trabajo de Mauro y Miguel es un verdadero infierno debido a la climatología extrema de esta tierra. En invierno por que te quedas helado en pleno día, incluso al sol y no te digo nada si sopla el aire. Y en el verano, porque a las 3 de la tarde quién es el valiente que después de comer, se pone a acarrear ladrillos subiendo y bajando de un lado a otro de la obra. Con lo bien que se está echado la siesta entre gruesas paredes de adobe. Qué fresquito en el verano y qué calorcito durante el invierno. Estar en una casa de barro es lo más parecido a vivir en la gloria. El cielo no puede ser mucho mejor.

Boadilla de Rioseco, mayo de 1993

 

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Pasito va y paseo viene

Don Paco, el que fue durante muchos años el veterinario del pueblo, salía con el sol de la mañana a darse unos pequeños paseos por la acera de su casa. En la foto tenía 83 años y aún disfrutaba de una salud y una cabeza envidiables. A los 90 se permitía ayudar y reprender dando clases de matemáticas a una criatura de apenas 12 años. Hoy, con algo más de un siglo de vida, nos ha dejado para dar otros paseos por otras aceras, las de su calle se le han quedado pequeñas.

Boadilla de Rioseco, abril de 1995

 

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De casta le viene al galgo

Bautista González fue un primoroso artista que hace años dejó su huella profesional en muchas casas del pueblo. Hoy, en la que fue su casa, pasa algunas temporadas su hijo. Ahora que ya está jubilado Tomás González siempre encuentra tiempo para tener la casa hecha un pincel. Diría que es la construcción más original de cuantas existen en el pueblo. Barro, paja, agua y madera. Adobe en su más puro estado.

Boadilla de Rioseco, 24 de agosto 2012

 

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Por la orilla del río

Claudio Criado regresa a media tarde con su rebaño después de un largo camino en busca de pastos. Antes de encerrarse en el redil, sus ovejas le llevarán a él, por puro instinto animal, al abrevadero municipal. Sólo cuando el pastor termine de ordeñarlas dará por acabada una jornada laboral que comenzó muy temprano. Un trabajo tedioso y monótono. ¿Cuántos miles de kilómetros habrá recorrido el pastor en su larga vida laboral?

BdR_A Agosto 1992

 

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Como críos.

Ella, Chonina, ama de casa. Siempre trabajando. Disfrutó de muy pocas vacaciones a lo largo de su vida. No se jubilará nunca, siempre hay tarea en casa. El, Bernardo, jardinero municipal. Durante su “mandato” los jardines del municipio nunca han estado más exuberantes y las calles han lucido más brillantes. Desde hace unos años está jubilado. Será una de las personas con menos problemas de este mundo. Qué envidia, en estos tiempos que corren.

Boadilla de Rioseco, septiembre de 1995

 

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Tertulias en el zaguán

¿Qué pueden decirse unos amigos después de más de medio siglo viéndose, hablándose y, en definitiva, queriéndose? Suponemos que, con cada día que pasa, se tienen más cosas que contar y así lo hacían mientras les fotografiamos. No podía ser de otra manera si lo que pretendíamos era reflejar una amistad cultivada durante tanto tiempo. De izquierda a derecha, Javier Melero (invitado de piedra), Teódulo Melero, Venancio Melero y Bernardo Tejedor. Ahora que con esto de la crisis hay poco trabajo, en la imagen tenemos a tres meleros y un tejedor.

Boadilla de Rioseco, septiembre de 1992

 

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Un lord en Tierra de Campos

Teodulo Melero, el último boticario, se fue el domingo pasado a recorrer otros mundos lejos de este. Ya no podremos verle más sentado a la puerta de su enorme casa de la calle mayor. Qué elegancia de persona, de maneras exquisitas y de trato cercano y agradable. Si hubiese nacido en la campiña inglesa, sería con toda seguridad un lord. Fue todo un caballero, nació en nuestra tierra de Castilla. Teódulo Melero posa sentado a la puerta de la antigua farmacia construida en 1868. A pesar de la desaparición del negocio familiar, este boadillano conserva en perfecto estado una de las casas más interesantes desde el punto de vista arquitectónico que posee nuestro pueblo.

Boadilla de Rioseco. Septiembre de 1992

 

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Temporada de vacaciones

Pasaban las mañanas ayudando a sus madres en las tareas de la casa, y llegada la tarde era el momento de arreglarse un poquito y disfrutar de un agradable paseo. Unas veces por el camino de la ermita y la fuente del Amparo, o bien por la carretera de Villada, la plaza Santa María, merendar en alguna bodega o tomar un refresco en el teleclub. Estas 3 chicas que posan para la foto eran, son y seguirán siendo a día de hoy, tres criaturas extraordinarias. Lo sé porque coincidía con ellas en el pueblo durante las vacaciones de verano. Mari Mar Redondo, Marian Melero y Pilar Melero, son TRES SOLES, así, con mayúsculas.

Boadilla de Rioseco. Agosto de 1992

 

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Las tentaciones están en casa

El hijo pequeño de Luis y Nina, Luis Pablo, ha crecido alrededor de la fruta que sus padres siempre han vendido por los pueblos. Más de un millón de kilómetros ha recorrido su familia en un viejo camioncito Avia distribuyendo, siempre en los pueblos de la comarca, un alimento tan importante en nuestra dieta. Pablo ha tenido la suerte desde que nació de tener la tentación en casa. Solo tenía que dar un par de pasos para llegar hasta ella.

Boadilla de Rioseco, mayo de 1993

 

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El relevo generacional

Poco a poco, irremediablemente como viene sucediendo desde hace décadas, los pueblos de Tierra de Campos se están quedando despoblados. La densidad de población por kilómetro cuadrado es de las más bajas de toda la comunidad europea. La región más grande de España es la que menos índice de natalidad aporta al global del estado. En la foto Luis Melero, un joven que disfruta trabajando en el negocio familiar del ganado ovino y la agricultura. “Aquí no hay fiestas y si sales una noche no hay excusa que valga a la mañana siguiente”. Años después de hecha esta foto, Luis tuvo dos hijos mellizos Aníbal y Felipe. Llegaron para tomar, cuando llegue el día, el relevo a su padre, como este a su vez hizo con Bernardo Melero el abuelo de sus niños. La nena a la que Luis le enseña el corderito es Carmen Barrios Melero

Boadilla de Rioseco. Agosto 1991

 

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Yo pinto, tu me pintas

Cuando llega el buen tiempo, coincidiendo con la primavera,  es hora de acicalar y pintar las fachadas que se dañaron con el frío y el agua del invierno. Es hora de desperezarse del largo invierno y ponerse manos a la obra con el mantenimiento del hogar. Benito García, desde el exterior y con el torso al sol, mientras su mujer Tomasa desde dentro del hogar, pintan las rejas de su casa en la plaza de El Salvador. Las labores si son entre dos se hacen menos pesadas.

Boadilla de Rioseco, septiembre de 1994.

 

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Atardecer estival

En esta comarca, llana y fuera del abrigo de las montañas, el clima es muy extremo. En cada una de las estaciones el cielo nos brinda atardeceres muy diferentes y la mayoría de las veces, espectaculares. Las mejores atalayas del pueblo son las torres de la iglesias Santa María y el Salvador. Desde ellas hemos sido testigos de muchos y muy bellos ocasos y amaneceres.

Boadilla de Rioseco, agosto de 1994

 

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Primeros pasos y primeros pises

Si la memoria no me falla, era octubre de 2009 cuando Andrés Martínez Casares es pillado por la cámara desahogando su vejiga en la trasera de la puerta de Don Diego. Aquella jornada Andrés volvía de un viaje de México pero no tuvo inconveniente en hacer cientos de kilómetros al volante de su coche para que Juan Carlos disparase miles de fotos. De esa manera se dieron los primeros pasos y arrancó solemnemente el proyecto de BdR_A. Decir para terminar que la pobre pared no pudo absorber todo el caudal de sedimento urinario y días después se fundió con la tierra para los restos. Habría que hacer un examen de orina al muchacho. Seguro que tiene una montaña de piedras de tequila en sus riñones. Gracias Andrés por tu inestimable ayuda. Por cierto ¿Qué bebes en Haití?. Para señalarte las zonas de evacuación. FJM_

Boadilla de Rioseco, marzo 2009

 

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La mejor universidad

Un ganadero castellano a punto de la jubilación junto a un joven ganadero del departamento de Misiones. Un pastor que laboralmente lo tiene casi todo hecho, al lado de un ingeniero civil que tiene casi todo por hacer. Un hombre curtido con los calores y los frios de Tierra de Campos junto a un muchacho con la piel inmaculada y todavía por curtir. Faustino y Hans viven a miles de kilómetros el uno del otro, pero sus caminos se cruzaron por casualidad una mañana de finales de agosto de 2012. Faustino le invitó a ver su humilde explotación ganadera y el joven paraguayo aceptó encantado para, de esta manera, compartir tiempo y platicar sobre las diferentes experiencias del negocio. Una pequeña lección para nuestro paisano y una gran experiencia vital para el santiagueño. Hay clases que se dan mejor al aire libre y lecciones que se aprenden mejor fuera de ellas (aulas).
BdR_A 23 agosto 2012

 

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Montando la obra El pasante

A una hora intempestiva en plena canícula de agosto. El autor Ángel Sánchez, a la izquierda y Neme González, el propietario de la nave, quitando el protector plástico de las planchas de aluminio del mural el Pasante en la nave agrícola situada en las rondas.

Boadilla de Rioseco, 24 de agosto 2012

 

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Trampantojo

No hace falta llaves, aunque mi prima Mari Mar Redondo las lleve, para ver lo que hay dentro.

Boadilla de Rioseco, 13 de noviembre de 2012.

 

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Luis Melero Aparicio

En el tablero del proyecto BdR_A nuestro amigo es a la vez, la torre por su estatura, el peón por su labor, el alfil por su tesón, el rey por sus dotes de mando y la reina porque no para ni un minuto de hablar. Todas las fichas en una. Incansable en el trabajo y en la oratoria. Me tiene aburrido pero no podría prescindir de el.

Boadilla de Rioseco, 22 de agosto de 2012

 

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Nuevas tecnológias

A Dios rogando que internet esté funcionando. En este punto del pueblo “milagrosamente” funciona el Wi-Fi. ¡Que cosas tiene el ciber-espacio¡

Boadilla de Rioseco, 28 de agosto 2012

 

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Que cara de susto

Hans_Fe -¿Que me dices? Fran_Ja -Lo que oyes.
H.-¿No me digas? F.-Ya te digo.
H.-Me dejas de piedra. F.-Créeme que lo siento.
H.-Y ¿Donde fué?. F.-¡Vete tu a saber!.
H.-¿Quién te contó?. F.-No quieras saberlo.
H.-Ya. F.-Pues eso.
Boadilla de Rioseco, 8 de septiembre de 2012.

 

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Reserva de la biosfera

El mozo que sostiene el cayado no es precisamente una persona reservada, habla por los codos y si me apuras te diría que le salen las palabras a borbotones por los miles de rizos de su negra y poblada cabellera. El pacífico gigante que sujeta el bastón tiene las manos más grandes de toda la comarca de Tierra de Campos. Si me plantase una bofetada en la cara no saldría bien parado del encuentro, por eso siempre intenté ser su amigo, para que si un día repartía tortas, no me tocase a mi ninguna. El muchacho que se apoya en la gruesa vara no lo utiliza porque lo necesite para andar, es más un entretenimiento y una extensión de su largo brazo para atizar, en caso de necesidad, a alguno de sus torpes animales cuando los saca a pastar al campo. El hombre alto que posa en medio del camino que lleva a la ermita es un alma cándida, más bueno que el pan que se produce por estas tierras de cereales.
Luis Melero nació y ha vivido toda su vida en el pueblo. Heredó de su la familia una explotación agrícola y ganadera y, junto a su hermano Bernardo, les brinda lo suficiente para vivir sin sobresaltos. Los únicos sustos se los proporcionan las reparaciones de la maquinaria y los insumos, herbicidas, abonos y semillas, necesarios para sacar rendimiento a sus tierras. Las cosechas son menguantes, las facturas… como las lunas, crecientes.
El pequeño de Bernardo y Piluchi hubiera sido un buen modelo de pasarela o publicitario, lo que pasa es que nadie vino nunca con una tentadora oferta. Aunque no sé yo si a el le hubiese gustado esa vida tan frívola. Con lo a gusto que se está recorriendo y disfrutando cada día al ver pasar las estaciones en los campos de Boadilla. ¡Qué envidia para los que hemos vivido encarcelados en una gran ciudad! © José Luis López Moral. BdR_A. 17 marzo 2015

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