06_Textos

Alguna de las cosas que se han escrito sobre Boadilla de Rioseco y del proyecto de Arte contra el olvido

Mazorra dueto

Emociones y sorpresas a lo largo del recorrido

Un paseo que en cada momento del año o incluso del día permite contemplar algo distinto, invitándonos así a repetir una y otra vez el viaje
Javier Mazorra*

Se podrían rastrear intervenciones de artistas en la naturaleza y en el mundo rural de nuestro entorno, durante la segunda mitad del siglo veinte, como el insólito museo que a mediados de los setenta crea Wolf Vostell en Malpartida de Cáceres o el Bosque de Oma de Agustín Ibarrola en Irdaibai (Vizcaya) pero es ya durante los primeros años del segundo milenio cuando estas experiencias se multiplican, con mayor o menor suerte, por todo el estado. En muchos lugares el punto de partida será la creación de un festival como Desordes Creativas en la población coruñesa de Ordes que llena los espacios más recónditos de este poco conocido municipio de Galicia con gigantescos murales o el Gargar de Penelles en Lleida. Hay otras iniciativas interesantes como el Museo Inacabado (MIAU) de Fanzara en Castellón, o los Pueblos en Arte de Zaragoza, en Torralba de Ribota y Torrellas, sin olvidarse de lo que ocurre en varios pueblecitos de Córdoba como El Carpio, englobado dentro del programa provincial Periféricos. Capítulo aparte y especialmente destacable es lo que tiene lugar en Castilla León, comenzando por ese alucinante Cementerio de Arte de Morille (Salamanca), una iniciativa de Javier Utray y Domingo Sánchez Blanco que nace en 2005, así como lo que se desarrolla en pueblos como el zamorano de Castrogonzalo o en los burgaleses de Tubilla del Lago y Belorado pero sin duda nada es comparable a lo que toma forma en Boadilla de Rioseco, en la provincia de Palencia, a través del proyecto de Juan Carlos y Francisco Javier, los hijos de Paula Melero, que había nacido en este ahora semi abandonado pueblo de Tierra de Campos donde apenas queda un centenar de habitantes pero que durante siglos disfrutó de un cierto esplendor y fue famoso por la calidad de sus avellanas. Gracias a estos audaces visionarios la antigua Bovatella in Rivo Seco se ha convertido en la que ya muchos conocen como la “galería al aire libre más bonita del mundo”.

En el centro de un triángulo
A cuarenta kilómetros de la capital de la provincia y situada en el centro del triángulo formado por Villalón de Campos, Villada y Cisneros, Boadilla mantuvo una cierta posición estratégica, sobre todo gracias al Real Monasterio de Santa María de Benavides que funda en 1169 la condesa Estefanía Ramirez en sus alrededores y donde se establecen monjes cistercienses un siglo más tarde, transformándolo en uno de sus centros más influyentes. Un momento culminante de su historia coincide con la construcción de San Salvador a finales del s.XVI, una de sus dos iglesias y actual protagonista de la Ruta Palentina del Órgano Barroco. Para conocer más sobre su historia, sus gentes y sus costumbres vale la pena echarle un vistazo al curioso libro ‘Boadilla de Rioseco en la historia. Una villa en el corazón de Tierra de Campos ‘ escrito por el agricultor y ganadero José Antonio Coloma.

Arte contra el anonimato y la desaparición
Según cuenta Francisco Javier la idea de poner en marcha “Arte contra el Olvido” fue madurando a lo largo de más de treinta años, en sucesivas visitas al pueblo, acompañados de una cámara fotográfica, casi siempre cargada de películas en blanco y negro. “Éramos conscientes de que aquello que estábamos viendo a través del visor, más pronto que tarde, desaparecería para siempre. Poco a poco vimos la posibilidad de que el arte se convirtiera en la herramienta perfecta para rescatar al pueblo de su anonimato pero también de su desaparición.” Y así en 2010 comenzaron a devolverle la vida a pajares, tapias, bodegas pero también a las mismas iglesias, a la antigua estación, a los palomares y a muchas de las calles y casas del pueblo, casi siempre construidos en adobe, con la colaboración de decenas de artistas como Luis Gordillo, Antonio López, Juan David Urbón, Roberto González, Patricia Mateo, López Moral pero también de la inusitada colaboración de arquitectos como Norman Foster…. del que se pueden ver los enormes discos que sirvieron para cortar el hormigón en su Torre Repsol de la madrileña Castellana, convertidos en una sugerente instalación pero sobre todo con la ayuda de amigos, familiares y los mismos habitantes de Boadilla, como se cuenta en la primera publicación sobre el proyecto.

Emociones a lo largo del recorrido
Como afirma la historiadora del arte Noelia Centeno: “En las relaciones entre arte y cultura contemporánea, la cultura rural es la que está capacitada para preservar y mantener la memoria de valores y actitudes tales como la solidaridad, la identidad, la cercanía y la afectividad, que con la independencia y el individualismo de la cultura urbana se van perdiendo”. Las imágenes de este segundo volumen son impresionantes y completan el primer libro pero nada es comparable con ir descubriendo estas obras y el mismo pueblo, sin seguir ninguna indicación, dejándose sorprender por la experiencia, las emociones que se van recibiendo a lo largo del recorrido. Un paseo que en cada momento del año o incluso del día permite contemplar algo distinto, invitándonos así a repetir una y otra vez el viaje.
Como dice Francisco Javier Melero: “Podríamos haber dado una vuelta al mundo, pero hemos preferido que el mundo se dé una vuelta por aquí. Por esta galería sin puertas, ni horarios que sigue creciendo y ampliándose cada año con más proyectos de nuevos artistas”.

* JAVIER MAZORRA (Tanger, 1954) Historiador del Arte y periodista, lleva más de cuarenta años montando exposiciones y contando sus múltiples viajes en prensa, revistas especializadas y en la radio. Aunque ha viajado por todo el mundo, es un firme defensor de que para encontrar lo extraordinario no hay que irse al otro extremo del planeta. Cree que muchas veces sólo hay que mirar en nuestro propio entorno para descubrir lo realmente excepcional. 

00Dossier prensa

El arte como herramienta

David Benedicte

Algo tiene la acción artística que proponen Juan Carlos y Javier Melero, hermanos unidos por lo consanguíneo y por su extrema pasión por aquello que tenga que ver con el diseño y el arte, de justa. De pelea o combate, a caballo y con lanza, o a bordo de un tanque, entendido, eso sí, en el sentido más positivo del término. Justa como torneo o juego en el que sus concursantes acreditan la destreza en el manejo de las armas. Se baten además, ambos Melero, en un territorio nada hostil a sus propias biografías. Boadilla de Rioseco, lugar que por poco no los vio nacer pero del que proviene parte de su familia. Pequeña población terracampina que, alejada del mundanal ruido que provoca la posmodernidad, no ha dudado un instante en acoger, acertadamente, la proposición de la pareja Melero. En ser capital de la primera justa artístico-familar. Un verdadero honor. En uno y otro sentido.

El planteamiento, o modo de empleo del asunto, resulta de lo más sencillo. Cójase a dos hermanos cuya obra artística sea más que conocida en España y permítase que, dividiendo por la mitad un pueblo mediante una línea imaginaria, se enfrenten en una fraternal guerra, ésta sí, sin armas de destrucción masiva. El arte, y sólo el arte, como herramienta de acero para convencer al oponente. La verdad artística. Un argumento mejor que cualquier otro. Lo que aún no sé es cuándo cesarán estas hostilidades. Pero sí que tengo claro que sólo puede salir algo bueno de ella. Juan Carlos y Javier, Javier y Juan Carlos, los hermanos Melero, han dado buenas muestras de estar sobradamente preparados para este tipo de batallas.

Calles, casas, iglesia, colmenares, bodegas, chozos y palomares. Ya puede ponerse a salvo el paisaje de Boadilla de esta contienda inminente. Aunque saldrá ganando si se deja conquistar por los dos bandos en ofensiva. La cruzada de los Melero está a punto de empezar y , de ella, sólo se puede salir mejorado, reconvertido en parte de una obra artística. Por eso hoy tiene Boadilla, más que nunca, vocación de museo cuyas venas multicolor se abrirán en caminos y paredes, al paso marcial de estos guerreros de buen corazón, o ‘guerrartesanos’, apellidados Melero y llamados Juan Carlos y Javier.

Yo estoy deseando ver en qué acaba todo esto. Hasta dónde son capaces de llegar. Me temo lo mejor. Nunca contemplaremos una paz tan colorida y digna como con la que nos amenazan, con su inusual mirada, estos dos hermanos felizmente enfrentados en una guerra sin cuartel pero con pantonario.

Boadilla en el punto de mira

Javier Blas de Benito

Tres instantáneas para Javier y Juan Carlos Melero

I. Retorno

«Ver está unido a pensar y a sentir».«Ver es recrear intensos momentos de vida».
Me he dejado llevar inútilmente por la tentación de escoger palabras para explicar lo evidente. Ellos siempre han sabido que eran capaces de expresarlo mil veces mejor que yo… con absoluta rotundidad, con absoluta sencillez.
Ambos llevan quince años practicando el retorno, la búsqueda de algunas respuestas, pocas pero esenciales, en un insistente viaje al principio. Las fotografías de Boadilla pueden serlo todo menos evasión, son más bien la antítesis del acto de escapar, quizá porque proyectan con demasiada fuerza la necesidad del encuentro. Las sombras delatan su presencia. Desde el primer momento el suyo fue el ejercicio de la confesión. Hay algo inquietante en ese gesto, en esa desmedida entrega de quien ofrece los íntimos fragmentos de su incompleto álbum familiar a la mirada ajena multiplicada. Abrir el libro es adentrarse en una autobiografía elaborada con imágenes.
Ahora puedo decir que les reconozco a ellos en todas las cosas, en todos los otros. De nuevo se cumple el destino de la fotografía, su trampa de hacer objetiva una realidad que no es sino el fruto de una mirada concreta, interior, ensimismada.

II. Tiempo

«El contenido real de la fotografía es invisible, puesto que no sólo procede del juego con la forma, sino del juego con el tiempo».
La imagen, también la memoria, son los dominios de la negación del tiempo por su inherente capacidad para congelar el movimiento. La ausencia de movimiento implica ausencia de tiempo. Pero la imagen, también la memoria, proyectan lo vivido hasta convertirlo en presente. Tiene lugar, entonces, una extraña subversión del principio de secuencia, un vertiginoso movimiento que acerca el pasado al presente anulando la distancia, hasta sentir que el tiempo pertenece a cada uno igual que le pertenecen sus imágenes y sus recuerdos. En estas fotografías mis queridos amigos han alcanzado la sublimación poética del instante fugaz.
Tierra de Campos podría parecer eterna, un escenario ideal para quienes anhelan la captura del tiempo y su representación. Muchos pueblos de Castilla y León conservan la apariencia de una realidad inalterada, manifiestan absoluto respeto hacia una forma de vida secular que se resiste al cambio… Ahora bien, ésta no es una verdad universal, aunque a fuerza de sus pretensiones de objetividad nos la hayamos terminado creyendo. La Castilla eterna es apenas una realidad virtual, fingida, tópica, aparente.

Y, sin embargo, se mueve.
Los hermanos Melero dan testimonio de que detener el devenir es sólo posible mediante el recurso a la memoria y a la imagen, porque el tiempo pertenece al sujeto. Y aquí, precisamente, radica otra de las trampas de la fotografía, la de permitir que mi presencia, o la de cualquiera, pueda ser constatada en varios sitios a la vez, la de suprimir impunemente a un cierto número de vivos o la de resucitar a un pequeño número de muertos. ¿Cómo explicar, si no es desde la virtualidad de la fotografía, que Francisca siga penetrando en mi alma con esa vívida mirada?, ¿que el cielo de Boadilla proyecte inmutable la estética belleza del ocaso?, ¿que el hijo de Nano haya decidido no bajarse jamás de la peana para no dejar nunca de ser niño?, o, sin más, ¿que los chopos de la Empleana se salven para siempre?
Ellos encontraron las respuestas. Han confesado en alguna ocasión, que sentían una imperiosa necesidad de apresurarse en la captura de la belleza —de la vida, la luz, la infancia, la naturaleza—, porque, conscientes del movimiento, sólo la negación del tiempo podía evitar su pérdida irreversible; la sublimación poética del instante confería a esas formas de belleza el atributo de dios, la eternidad. Y ya que el mensaje, en el momento de hacerse público, deja de pertenecer a quien lo crea para ser reinventado por quien lo recibe, la suya debe entenderse como una oferta de conocimiento.

III. Humano, maravilla

«Lo maravilloso es siempre bello, todo lo maravilloso, sea lo que fuere, es bello, e incluso debemos decir que solamente lo maravilloso es bello».
Preparan la cámara. La interponen entre ellos y tú. Disparan a tejados, puertas y ventanas, muros en declive… Y al final allí estás tú, siempre estás tú, humano, maravilla.
Es innegable la deuda contraída contigo —mi gente, dirían ellos—. Han vivido apostando los últimos quince años por tí, por todos, y sus imágenes confirman que han decidido devolver parte de la deuda. Constante búsqueda de la identidad humana. Evocación.
Recorramos los tópicos: horizontes de luz y sombra, de barro y paja, aperos en los que se da cita la historia, esqueletos de metal expulsados del paraíso y condenados a derretirse bajo el fuego en las eras del pueblo, el rebaño formando parte de todos los paisajes… Da lo mismo cual sea la elección. El destino del viaje es siempre uno: ese rostro definido por mil arrugas, elemental y antiguo como el tiempo. Tu bello rostro, Claudia.
Rara cualidad la de saber captar lo cotidiano y dotarlo de su sencilla dignidad. Objetos estéticos llenos de sugerencia, imágenes poderosas que se expresan con el único lenguaje que les es propio: la armonía de luces y la relación de las formas en el espacio.
Humano, maravilla, doy la vuelta a la página y te descubro en todas partes. En las sombras y en la procesión camino de la ermita, en la faena interminable,… en esas arquitecturas que, por cierto, cumplen —como tú— su ciclo mortal para renacer de las cenizas, aunque nunca vuelvan a ser lo que fueron. Mostrar la arquitectura en ruinas, o la cruz de un cementerio, supone admitir el movimiento, constatar que también para Tierra de Campos quince años constituyen historia. Hay en ello algo, o mucho, de nostalgia, de añoranza. No olvidemos que, al fin y cabo, Boadilla simboliza la idea de retorno, ha sido visualmente definida como un proyecto de pasado, como el refugio de dos miradas perdidas en la memoria en busca de su propia identidad. La adaptación de la memoria es un proceso doloroso al que caracteriza la renuncia. Cuanto mayor sea la renuncia, mayor se manifiesta la nostalgia.
Tú, humano, maravilla, también eres el protagonista del cambio, de ese nuevo paisaje cuya experiencia sólo compete al presente. Encaramado a la antena reclamas un lugar en el cielo, expías tus culpas devolviendo a la naturaleza un espacio que nunca le debió ser arrebatado, levantas paredes y proyectas con todos los Adrián un halo de esperanza.
Casi siempre la presencia de las gentes de Boadilla es explícita e inmediata. Está, además, sugerida de mil formas. En esta sugerencia de lo ausente alcanza su perfecto equilibrio la relación entre lo subjetivo y el realismo aparente de las fotografías de Javier y de Juan Carlos Melero, ya que en ellas muchas veces lo más importante no es lo que se ve sino lo que se intuye.
Inquirir, preguntar, interrogar… mirar. ¡La mirada es la pérdida de la inocencia!
«Contentémonos con el milagro inmediato: abrir los ojos y ser diestro en el aprendizaje del bien mirar.
Cerrar los ojos es antipoesía».

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Arte y vida en Tierra de Campos

 Agencia Ical

Los hermanos Melero visten de arte las calles y recovecos de la pequeña localidad palentina de Boadilla de Rioseco, en un proyecto autofinanciado que esperan ir ampliando año a año con obras de otros artistas como Luis Gordillo

Fracisco Javier y Juan Carlos Melero nacieron en Madrid hace 52 años. Hermanos mellizos, hijos de madre soltera, pasaron su infancia entre las paredes de un internado del que sólo podían escapar en los meses de verano para refugiarse en el entorno de libertad que para ellos era la localidad natal de su madre, el pequeño municipio palentino de Boadilla de Rioseco. “Siempre ha sido nuestro pueblo, aunque no hayamos nacido allí”, apunta a Ical Juan Carlos.

El tiempo ha pasado y los hermanos Melero son ahora dos veteranos diseñadores gráficos que, desde hace décadas, desarrollan su labor profesional en la empresa Franja Fotográfica. A lo largo de los años han organizado diversas exposiciones temporales en una sala habilitada por el Ayuntamiento local, en un intento de sacar a su pueblo del anonimato, pero fue hace cerca de diez años cuando empezó a cobrar forma un proyecto que hoy es ya una realidad.

“Nuestra profesión tiene que ver con la intervención en grandes espacios, empezamos a pensar en hacer algo así en el pueblo, utilizando sus espacios para colgar determinadas obras. Nos pusimos en marcha, recibimos los permisos pertinentes sin problemas, y en la medida en que hemos dispuesto de recursos, porque detrás del proyecto no hay nadie más que nosotros, nos hemos permitido el lujo y el placer de colgar, decorar o intervenir algunas fachadas o calles del pueblo”, explica Juan Carlos.

Con el objetivo de “convertir las calles de Boadilla en la sala de arte al aire libre más hermosa del mundo”, en palabras de Javier, el pasado mes de marzo los dos hermanos comenzaron a instalar en el municipio terracampino (que actualmente cuenta con 143 habitantes censados) diferentes piezas realizadas en aluminio, que este fin de semana explican por primera vez en persona a sus convecinos.

Esta misma tarde, los dos ofrecerán “una especie de visita guiada” al mural ‘La memoria compartida’, un monumental mosaico integrado por 1.200 fotografías que recogen más de 3.000 rostros de los habitantes del pueblo paraguayo Santiago de las Misiones, con el cual Boadilla está hermanada desde 1996.

La participación de ambos hermanos en la Ruta Quetzal de 1984, como periodista y fotógrafo respectivamente, les llevó por casualidad a hacer noche en el antiguo reducto jesuita. Tras aquel viaje, Javier regresó allí en seis ocasiones posteriores, promoviendo el hermanamiento y organizando las exposiciones ‘El río Sequillo’, que tuvo lugar en el enclave Latinoamericano, y ‘El río Paraguay’, organizada en Boadilla. Fruto de ambas muestras, esta misma noche a partir de las 21.30 horas se proyectará en las antiguas escuelas del municipio terracampino el audiovisual ‘La vida en el río Paraguay’.

Seis obras, para empezar

La primera fase del proyecto, ya concluida, incluye la instalación de las seis piezas que actualmente se pueden disfrutar en Boadilla de Rioseco. La primera que se contempla al acceder al pueblo por la carretera de Villada es ‘Tarde de galgos y palomares en Tierra de Campos’, una obra con la cual los hermanos Melero rinden un nostálgico homenaje a anuncios realizados sobre azulejo como los de Nitrato de Chile, que antaño presidían el acceso a tantos núcleos rurales españoles. “Los horizontes y los cielos infinitos invitan en cualquiera de las estaciones del año a dar largos paseos, solos o acompañados. Una tarde del mes de octubre del año 1992, Tino Pérez Decimavilla y sus galgos, Willy y Nuca, salieron a dar un paseo por el camino del cementerio. Aquel paseo quedó registrado en dos fotografías que son las que componen el mural, dedicado a sus padres, Marcelino y Faustina”, apunta Javier.

En la vieja estación de tren, actualmente semiderruida, aparece ‘El telegrama’, otra de las piezas, que recoge en acero un poema escrito por Juan Carlos en 1977: “Abusa de esfuerzo y constancia, en lo que tu crees que vales, / y trata de encontrar los males, que alteren tu conciencia. / No quemes la corta existencia, en recordar tiempos fatales, / pues los hechos son pañales, que visten nuestra experiencia”. “La disposición del texto en la fachada recuerda al aspecto de los viejos telegramas. Antes de ser entregado a su destinatario, del telégrafo salía impresa en una fina tira de papel el texto que el operador se encargaba, en una suerte de collage, de cortar y pegar”, explica Javier.

Las tres intervenciones restantes se engloban en la serie ‘Disparos en blanco y negro’, y se reparten en tres puntos del pueblo: los soportales de la ermita, la entrada a la Iglesia de El Salvador y la Plaza de Santa María. “Tras muchos años de acumular disparos en blanco y negro, Juan Carlos ha seleccionado seis para estamparlas sobre aluminio. Es como dar la vuelta a las paredes y confundir el interior con el exterior de las casas, las cosas y la calle”, asegura Javier.

Juan Carlos, por su parte, explica que el origen de estas piezas es un archivo personal que han acumulado tras veinte años capturando con su cámara retratos, arquitectura e interiores de Boadilla. “De ese archivo pudo haber salido un libro que intentó censurar el antiguo alcalde del pueblo, y que iba a haber publicado la Diputación de Palencia. Parte de lo que no pudo ser impreso en ese libro, hemos empezado a colgarlo en las calles”, apunta antes de aclarar que se trata de “fotografías que fuimos haciendo con mucho cariño con el paso de los años”.

Con ellas, los hermanos intentan “darle la vuelta a algunas paredes de casas que, en muchos casos, se están abandonando o se han restaurado pero permanecen cerradas la mayor parte del año. Dan la sensación, al pasear por el pueblo, de que estás viendo una pared interior desde fuera”.

Nuevas fases en proyecto

A esas seis obras, disponibles para cuantos se acerquen a la localidad, se sumarán el próximo año otras tantas que ya han producido los hermanos Melero. Una de ellas es una instalación realizada ex profeso por el artista guatemalteco Alejandro Noriega, que se instalará el próximo año en la antigua estación.

Los Melero permanecen también en conversaciones con Luis Gordillo, pintor sevillano Premio Nacional de Artes Plásticas 1981, y considerado una de las principales figuras del arte abstracto en España, para que se sume al proyecto y realice una obra para la localidad. “Con el paso del tiempo, ojalá no ya los hermanos Melero, sino también otros artistas a los que nosotros tenemos acceso, puedan hacer cosas para ser colgadas sobre alguna fachada o en la calle de Boadilla”, apunta Juan Carlos.

Entre los bocetos que barajan para septiembre de 2012, se incluyen intervenciones como ‘Veletas para unas bodegas en barbecho’, donde rendirán tributo a “uno de los rincones más mágicos de todo el perímetro del pueblo”, en palabras de Javier, si bien actualmente sólo quedan en pie algunas bodegas en el camino que llega hasta Villacarralón; y ‘Domando al viento en el camino de la fuente’, una escultura de gran tamaño, formada por planchas de aluminio serigrafiadas por ambas caras con los nombres de Boadillanos y motivos vegetales y arqueológicos.

Por el momento, el noroeste palentino ya ofrece un inmejorable ejemplo a otros pueblos que pugnan por no sucumbir víctimas de la despoblación. El arte es la herramienta que los hermanos Melero ofrecen para dinamizar la zona, en un proyecto autofinanciado para el cual no cuentan con ayuda económica de ninguna institución. “La reacción de la gente a esta primera fase, la emoción y el entusiasmo que está despertando entre los vecinos, a mí me ha hecho llorar. Hay cosas que no se cambian por dinero”, concluye Juan Carlos.

Obligatorio fijar ‘carteles’

David Benedicte

Convierten una pequeña localidad palentina en un gigantesco museo al aire libre.

Pretendemos evitar que este pueblo pase inadvertido y languidezca con el paso de los años. Queremos rescatarlo del anonimato. Conseguir que quienes pasen por la P-905 y la P-930 hagan un alto en su camino para disfrutar de un paseo exclusivo y original.» Así se expresa Francisco Javier Melero, el 50 por ciento de esta feliz iniciativa artística, quien cuenta los días junto con la otra mitad, su hermano Juan Carlos, para que el sábado 14 de agosto se inauguren las seis primeras intervenciones de su peculiar proyecto.
Cita ineludible. Será a partir de entonces cuando Boadilla del Rioseco, núcleo rural de apenas 150 habitantes, se convertirá oficialmente en colorido escaparate del incontenible furor artístico que caracteriza a ambos hermanos. Estación, calles, casas, iglesia, colmenares, bodegas, chozos y palomares han sido ‘tuneados’ para que una aldea medio perdida de Tierra de Campos se convierta en parada obligatoria de todo viajero dispuesto a disfrutar de algo tan bello como original. ¡Ojalá cunda el ejemplo!

La hora Extra

Entrevista de Ana Borderas a Juan Carlos en la cadena Ser

Y en este viaje cultural nos detenemos en Tierra de Campos, Boadilla de Rioseco,  una pequeña localidad palentina de 150 habitantes que no quieren que desaparezca del mapa. Así que han permitido cambiar la imagen de los muros y fachadas de sus casas para mantenerlas vivas y atraer curiosos a que visiten Boadilla. Los hermanos Melero, Juan Carlos y Javier, pasaron de niños 12 veranos de su vida en la localidad natal de su madre y ellos son los artífices de este proyecto vital. Juan Carlos Melero, buenos días.

Buenos días.

Juan Carlos, ¿qué es lo que habeis hecho?

En Boadilla, más que lo que hemos hecho, lo que estamos haciendo, porque tenemos la intención de continuar en los próximos años poquito a poco, y sobre todo con la ayuda y la generosidad de los vecinos quienes nos ceden muy amablemente las fachadas de sus casas o de sus corrales o de sus pajares, también de algunos palomares… Lo que estamos haciendo es colgar en el exterior lo que podemos llamar de una manera mas adecuada obra gráfica. Estamos hablando de grandes impresiones en algunos casos, sobre alumínio, sobre tela o sobre otros materiales. Para algunos podría ser decorando el pueblo y para otros convirtiendo sus calles, plazas y pajares en auténticas paredes donde se cuelga obra gráfica, obra de arte.

Juan Carlos, es el pueblo donde, junto a tu hermano, pasábais las vacaciones de verano. ¿tú cómo lo ves ahora?

¡Ay! La verdad es que ha cambiado mucho y, efectivamente, no siempre para bien. Sobre todo nosotros, Javier y yo, que pasamos 12 años y medio en esos internados de auxilio social, no en vano nosotros tenemos ya 53 años, y hemos vivido el pueblo, sobre todo veíamos el mundo a través de ese pequeño pueblo, que antes eran 400-500 habitantes, estoy hablando de los años 60-70 y ahora al comienzo del siglo XXI vemos que es un pueblo donde las casas se ven más sólidas, donde abunda menos ese maravilloso material, que era el adobe, el barro, pero es un pueblo que se ha ido poco a poco despoblando y convirtiéndose, prácticamente, en un lugar de veraneo, más que otra cosa. Sí, ha cambiado. Ha cambiado el pueblo.

Qué generosos los vecinos y qué generosos los artistas, ¿no? para tunear, podríamos decir entre comillas, Boadilla de Rioseco, para atraer a visitantes hasta esa pequeña localidad palentina.

Efectivamente, ese es sobre todo el espíritu con el que mi hermano y yo tuvimos la idea y nos pusimos en marcha. Que ese pueblo no desapareciera y que, a través del color que aparece en alguna de sus fachadas llamase la atención y, como dicen los vecinos, o es el espíritu de nuestro trabajo y nuestra idea, es sacar del anonimato al pueblo a través de esta acción y, poquito a poco, lo vamos consiguiendo. Antes no pasaban nada mas que quienes se quedaban por allí. Ahora ya van pasando algunas decenas, incluso podríamos decir con una cierta certeza, que algunos centenares de personas más. Y esto es muy bonito.

Arte en Tierra de Campos. ¿Qué es lo que hay que hacer si uno se siente artista para participar en este proyecto, en el que ni siquiera pregunto si hay financiación. Me parece que es un acto de voluntad ¿no?

Efectivamente. Esto es una actividad y es un trabajo que hacemos mi hermano y yo sacando de nuestros ahorros algún dinero y, en realidad, lo que nos gustaría a nosotros es que este caso sirviera como ejemplo porque nos parece que podría generar una nueva actividad económica en otros pueblos, en otros lugares de España, para que otros artistas, otras personas con interés por esta idea, pudieran desarrollar sus trabajos o pudieran enseñarse. ¿Sabes lo que nos pasa a nosotros también? Nos hemos dado cuenta estos últimos años que esos grandes templos del arte moderno que se han construído, donde efectivamente hay obra muy importante de gente muy importante, probablemente con una pequeña parte de ese dinero podrían haber sido otros artistas mas anónimos y otros lugares más escondidos donde se podía haberse empleado parte de ese capital, vamos a llamarlo así, o de ese dinero. O sea, que ¿qué es lo que hay que hacer? Pues yo creo que tomar la iniciativa y enseñar, en principio, lo que uno puede hacer, para ver si hay otros que toman el ejemplo, si se puede decir así.

Para saber algo más de este proyecto artístico en pequeñas localidades como Boadilla de Rioseco, ¿podríamos dirigir a los oyentes de la Hora Extra, aquí en la Ser, a la página web franjamelero.com, por ejemplo?

Por supuesto, sí. Sería una buena manera de empezar y de animarse. En cualquier caso estamos dispuestos, por supuesto que sí, estamos dispuestos a apoyar, ayudar, a informar en lo que haga falta y en decir cómo estamos haciendo esto y cómo pensamos seguir haciéndolo.

Juan Carlos Melero, muchísimas gracias, de verdad, por haber atentido la llamada de la Cadena Ser.

A vosotros. A vosotros por tener y por tomar interés en una cosa como ésta. Ojalá sirva, efectivamente, para que otros continúen.

Audio a partir del minuto 08.19 (Copia y pega)

http://www.cadenaser.com/cultura/audios/hora-extra-23-2012/csrcsrpor/20120622csrcsrcul_11/Aes/

Rio Paraguay y Sequillo

Excusas para volver

Arancha Pradanos

“Memoria compartida” es la historia de un flechazo. El relato intermitente de la fascinación de un turista accidental por un pueblo y sus gentes. Desde España, Francisco Javier Melero cayó sobre Santiago Misiones en 1994, en medio del tropel de la ‘Ruta Quetzal’ -un esfuerzo más por acercar a naciones iberoamericanas fraternas- y en apenas veinticuatro horas de paso fugaz quedó prendido del encanto de unas latitudes lejanas y del calor de sus moradores. “Tengo que volver”, se dijo. Y volvió dos años después.
Y volvió a volver otros dos años más tarde, en 1998.

Entre medias, aún hubo tiempo para hermanar al municipio paraguayo con la patria chica de su madre, Boadilla de Rioseco, en Palencia (España). “Ambos pueblos se conocen aunque nunca se han visto”. En plena tierra de campos de Castilla, una calle del pueblo se proclama del Río Paraguay. En justa correspondencia, a la entrada de Santiago Misiones la calle del Río Sequillo da la bienvenida al viajero.

Ahora éste regresa de nuevo con el fruto de sus sucesivos retornos a Paraguay y la prueba de la huella que los santiagueños le han dejado. Desde el 18 de julio, en ‘Memoria compartida’ se exponen 135 escenas construidas con retazos de la vida en Santiago Misiones y del pasado reciente de sus habitantes, que también le recuerdan a él.

“En mi primer viaje le prometí a un niño, Hans, unas fotos que nunca le mandé”. El niño, que ya no lo es, se las reclamó y nueve años después llegan esas instantáneas y otras muchas para recuperar juntos el tiempo transcurrido desde entonces. 135 foto-montajes que son otros tantos latidos de las gentes de Misiones y con las que el autor homenajea a un lugar en el ancho mapa del mundo -y a sus lugareños- donde se sintió querido.

También busca con esta exposición dar un impulso a la tantas veces proyectada Casa de la Cultura de Santiago y poner, modestamente, una primera piedra para el que un día será su fondo documental y archivo de la historia pequeña del pueblo. “Quiero sentirme útil”, proclama. Se dice dispuesto a organizar concursos de redacción y de pintura que cuenten “un día en la vida de Santiago Misiones” y cuyo fruto tal vez acabe por cruzar el océano e ilustrar a los paisanos castellanos de Javier. Quiere seguir atesorando memoria compartida. Para que los santiagueños no le olviden. Para tener nuevas excusas para volver.

00 Hans Banderas

Bandera peregrina

Arancha Pradanos

Hay una bandera peregrina que cruza el océano, como una gran ola, de ida y vuelta. Ora Madrid, ora Santiago Misiones. Viaja en la mochila de Javier y la recibe o la despide, según toque, Hans, su ‘alter ego’ al otro lado del ancho mar. Es el suyo un vaivén hermoso, que mantiene vivo un pequeño cordón umbilical entre dos continentes.

Javier Melero y familia vuelven, y con ellos, Memoria Compartida II. El registro fotográfico con el que levanta acta notarial de la historia pequeña de un pueblo y sus moradores. De lo que cambia y lo inmutable. En los tres años que median desde la última visita de estos españoles de corazón ‘misionero’ quizá la villa no se haya transformado mucho- una casa de cultura aquí, otra rúa empedrada allá-, pero sí evolucionan, crecen, se reproducen, maduran sus habitantes, que son, al fin, la savia que le corre por las venas a Santiago Misiones.

Como los santiagueños, la exposición también se ha multiplicado. Ahora llegan 240 fotos, casi el doble de la primera edición, que se desplegarán como un espejo en el que mirarse, desde el 10 al 27 de julio, en el espacio para el que fueron creadas. Hans, Swen, Christian, …. todos ellos se encontrarán aquí retratados; tres años más jóvenes, tres años menos sabios que hoy. Porque de eso se trata. Envejecer juntos, aprender juntos y vivir para contarlo.

Con las estampas de Memoria Compartida II se siembra, además, una semilla de futuro. En el lejano 1994 de su primer viaje a Paraguay el autor llegó solo. Después ha arrastrado consigo a sus seres queridos. Primero contagió el virus santiagueño a Clara, su mujer. Ahora se suma la hija de ambos, Ana Paula, a la que esperan inocular el mismo veneno, el amor a una tierra lejana que sienten como propia. Es apenas una niña, pero es depositaria de un vínculo trasatlántico, de una ganadería y de la ilusión de sus padres por verla crecer conociendo otras realidades, otros mundos. “Que se encariñe con estas tierras y esta gente”, dicen.

Ella da nombre a unos premios con vocación de permanencia. Para que siga la saga y la historia continúe. Miente el bolero; la distancia no tiene por qué ser el olvido. Para eso está la memoria. Siempre compartida.

Ayer y mañana

Arancha Pradanos

Hubo una vez un reloj antiguo cuyo tic tac sólo escucha Javier Melero. Decoraba el salón de sus abuelos en una casa castellana. Hoy sobrevive en sus recuerdos y su sonido, imaginario, le transporta a un tiempo que se fue. Para su autor, el reloj y los retratos de aquella habitación son un conjuro que le devuelve a sus seres queridos y los mantiene vivos aunque ya no lo estén. Es el poder de la memoria, al que esta exposición rinde tributo de nuevo.

De eso trata Memoria Compartida III -como antes Memoria I (2003) y Memoria II (2006)-, de tejer el ayer con el hoy, de sembrar recuerdos para el mañana. “Cuando yo ya no esté habrá un trocito de mí aquí, en muchas casas de Santiago Misiones”.
Sólo muere lo que se olvida, dicen, y Javier persigue la inmortalidad.
Por eso se empeña en retratar obsesivamente a sus habitantes, en decorar luego los salones misioneros con el fruto de su trabajo, “el más importante de mi vida”. Ahora regresa a Santiago. Es su tercera exposición. La sexta travesía desde aquél lejano 1994 en que aterrizó en Paraguay. Él no lo supo entonces, pero había encontrado su lugar en el mundo. Al que retorna en cuanto puede y al que añora cuando no.
En estos años, centenares de santiagueños como Hans han pasado de niños a hombres frente a su cámara. Han posado Nenito Bolla y Wenceslao, dos veteranos de la guerra del Chaco, una madre coraje con su hijo enfermo y familias enteras que luego, quizá, coloquen la foto respectiva en el salón o en las piezas de sus humildes casas. Sus estampas registran el pulso de un pueblo y sus moradores. Son la memoria destinada a perdurar para los que vengan detrás. Como Ana Paula, heredera del fervor paterno por este rincón pequeño a un lado del Atlántico.

Vuelven ahora con 624 fotomontajes cosechados en dos años. El resultado final de las 9.000 instantáneas capturadas en 2006. “Empecé a procesarlas al día siguiente de volver a España”. Dos años eligiendo, retocando, invocando la magia digital. Dos horas por foto, 1.248 horas, 156 jornadas laborales españolas. Hay que querer mucho a un pueblo para embarcarse en una tarea enorme “que nadie me ha pedido”.

Como su propia familia, las fotografías de Javier han crecido. En la primera exposición fueron 135 montajes. Tres años después, 240. Con los de la tercera entrega suman 999, un homenaje numérico a su hija. Y ya se plantea nuevas metas, nuevos proyectos. Porque siempre habrá un chiquillo nuevo que inmortalizar, una pareja de novios que quiera estampar su amor. Habrá una Memoria Compartida IV. Como ayer y hoy. Como mañana.

La memoria compartida

Santiago Misiones y Boadilla

Boadilla está hermanada desde 1996 con el pueblo paraguayo de Santiago de Misiones. La iniciativa y esta obra son de Javier. En los seis viajes por aquellas tierras fue fotografiando a sus habitantes y observando con meticulosidad sus transformaciones faciales. Hoy ha querido que muchos estén presentes en las calles del pueblo y para ello compuso este mosaico de retratos.
Concretamente 1200 instantáneas y más de 3000 santiagueños.

A partir de ahora, el calor y el frío, las heladas y el rocío, las noches y los días, irán haciendo envejecer, con dignidad como lo hacen nuestros mayores, este mural, esperemos verlo para contarlo.  Miente el bolero; la distancia no tiene por qué ser el olvido. Para eso está la memoria. Siempre compartida. Inaugurado por el embajador de Santiago-Misiones Hans Federico Lindström Dahlbeck, el 7 de septiembre del año 2012

El telegrama

Acero y poesía

En la vieja estación semidestruida, Juan Carlos ha montado en acero una poesía escrita por él en 1977. Sobre las planchas de aluminio se ha pintado usando plantillas de vinilo. La disposición del texto en la fachada recuerda al aspecto de los viejos telegramas. Antes de ser entregado a su destinatario, del telégrafo salía impresa en una fina tira de papel el texto que el operador se encargaba, en una suerte de collage, de cortar y pegar.

El texto del poema expuesto es el que sigue:

¡Abusa de esfuerzo y constancia / en lo que tú crees que vales
y trata de encontrar los males / que alteren tu conciencia.
No quemes la corta existencia / en recordar tiempos fatales
pues los hechos son pañales / que visten nuestra experiencia!

Disparos en blanco y negro

Las casas, las cosas y las calles

Dos imágenes de la Procesión de la Virgen camino del pueblo un 7 de septiembre se instala en los soportales de la ermita. San Isidro en volandas cuelga en el pórtico de la iglesia de El Salvador y, en lo que fueron las paredes comunes de una casa que ya no está, se coloca La alacena de una habitación hace años en ruinas, una Tormenta estival que amenaza a unos obreros en un tejado y el Esqueleto de madera de la antigua estación.  

Tras muchos años de acumular disparos, Juan Carlos ha seleccionado seis para estamparlos sobre el aluminio.
Es como dar la vuelta a las paredes y confundir el interior con el exterior de las casas, las cosas y las calles.

Galgos y palomares

Por el camino del cementerio

Los horizontes y los cielos infinitos invitan en cualquiera de las estaciones del año a dar largos paseos, solos o acompañados. Una gélida tarde del 3 de enero del año 1993 Tino Pérez Decimavilla y sus galgos, Willy y Nuca, salieron a dar una vuelta por el camino del cementerio. Aquel paseo quedó registrado en dos fotografías que son las que componen el mural colocado a la entrada del pueblo, en un lateral de las antiguas escuelas.

Esta obra está dedicada a sus padres, Marcelino Pérez y Faustina Decimavilla.

6.363 días más tarde (o lo que es lo mismo pasados más de17 años ) y un par de horas después de su instalación coincidimos los mismos protagonistas del mural. Han cambiado algunas cosas, sobre todo nosotros, pero también el horizonte donde ya no se recorta la silueta del palomar de la familia Casares Hernández tampoco las de los cuarteles de las heras. Ni que decir tiene que faltaron a la cita Willy y Nuca, dos hermosos galgos castellanos.

Nueva nave nueve

Nave de toros

Otra actuación más en el proceso de dar la vuelta a las calles, a las cosas, a las casas y, ahora también
a tres naves de uso agrícola y ganadero. La nave de la Familia Carriedo luce como recién pintada. Alguien pensó que los muchachos de SR Soluciones Gráficas trabajaban con pinceles subidos en una grúa y no con modernas herramientas para fijar nuestra obra en la pared. Impreso en una lona microperforada hemos querido traer a nuestro pueblo parte del trabajo de la carretera M-503 de Boadilla del Monte en Madrid.

Ya tiene casi treinta años pero con este lavado de cara alguien pensará como nosotros. Que la Nueva Nave Nueve es un titulo muy adecuado. Quien pase por la carretera podrá pensar muchas cosas, que es la sede de una nueva empresa de I+D+I, o que es una nueva estrategia corporativa para engordar el ganado con ecológicos modales o que unos grafiteros han dejado muy bonita la nave de Simón…

Nuevos templos, nuevos tiempos

Nave de paja

Otra intervención más con esa idea de dar la vuelta a las calles, a las cosas, a las casas y a otra nave de uso agrícola. Corrían años de ayudas de Europa y a nuestro pueblo llegó una nueva manera de construir. Nuevos templos para nuevos tiempos. Hoy son magníficas paredes que a nosotros muchas veces nos parece que nos están pidiendo un poco más de atención. Un pequeño gesto a cambio de un nuevo interés por cambiar el aspecto e interés por Boadilla de Rioseco.

La nave de la Familia Cuevas-Ramos es uno de los mejores lienzos que tiene el viajero cuando llega a Boadilla por la carretera de Villalón. Desde varios kilómetros de distancia ya se ve que hay algo especial que decora lo que parece sólo una gran valla publicitaria. Desde el coche su mirada ha de hacerse aminorando la velocidad y de reojo. Aconsejamos aparcar al lado y ver las otras  paredes de la nave que también están intervenidas.

Creer a los que crean

Nave de fieles

Con estampas religiosas hemos decidido crear las cuatro obras que decoran los tres nichos y la puerta del sur tapiados de esta enorme nave que es la iglesia de Santa María. Nuestro propósito es pedir que estos retablos, desde la calle, iluminen a los que creen para que entiendan mejor a los que crean.

 Desde ahora, día y noche, se verá un San José desconocido por su edad y con el niño muy pequeño en brazos delante de un fondo hecho sólo con vírgenes.
 
Cada uno en su atalaya junto a la entrada del campanario, la cara de la Virgen María y la de el niño Jesús que proceden del mismo grabado pero que se han compuesto en un mosaico de santos y santas respectivamente. Al Cristo de Velázquez le hemos situado en la gran puerta tapiada en la calle de La culebra, la puerta sur. Por encima de una escalinata que lo eleva más aún y apoyado en Él, de haber sido un poco más atrevidos, deberíamos haber dejado la escalera de madera.

Los niños y tu

Nave de grano

Aluminio cepillado y facetado. Dicho de otra manera: grandes siluetas de unos hijos y su madre impresas en grises y negros. La ausencia del color blanco deja ver el brillo y el reflejo del metal. Casi como un espejo. Dependiendo de la incidencia de la luz, en cada hora del día se da un color diferente. Recomendamos la visión de los silos en los atardeceres del verano.

En la década de los 60 el hombre con las naves Apollo inició una extraordinaria carrera para llegar a la luna. A nosotros siempre nos parecieron que cuatro de aquellas naves se estacionaron a la entrada del pueblo para siempre. Conocidos popularmente por “los silos”, estas cuatro naves fueron construidas a principios de los años setenta del siglo pasado. Sirve desde entonces para almacenar parte del grano que nace, crece y se cosecha en los campos de Boadilla. Millones de kilos de trigo o cebada destinados a la elaboración de piensos para el ganado, o pan para millones de personas.

Amanecer en el Barrio Juto

Nueva señalización

Con los colores propios de un atardecer de verano, hemos querido hacer esta prueba para una nueva señalización. En dos paredes bien distintas de una misma casa se ha fijado la palabra Barrio Juto. El texto en positivo se fijó separándolo del ladrillo de la pared. La luz y las sombras nos ayudarán a leerlo cada día con una tipografía cambiante. En la otra pared, inmaculadamente blanca, se atornilló el resto de las planchas de aluminio para que el negativo nos pudiera enseñar casi todo el color que el autor ve en las puestas de sol en Boadilla. La orientación al Oeste de este barrio tan deshabitado de nuestro pueblo, hará llegar, en cada tarde del verano, una cálida visión de esta nueva manera de saber dónde estamos. La iniciativa y la caligrafía son de Francisco Javier.

Planetas y satélites

Estrecha amistad

La elección de este lugar para situar una obra, se concibió por la estrecha amistad que en su niñez tuvo Marcelina con nuestra madre Paula Melero. Esta es otra donación a nuestro pueblo que, en esta ocasión, procede del artista guatemalteco Alejandro Noriega. Durante su estancia en España concibió este trabajo para que fuera colgado en una pared de nuestro pueblo. En Marzo de 2010 visitó Boadilla de Rioseco y fotografió sus calles.
Obra realizada sobre discos de corte pintados en acrílico.

El pasante

Certero autorretrato

Con algunos fragmentos a su disposición, Ángel Sánchez creó esta obra en la pared norte de la nave de Neme. Al autor se le ha pedido que se apropie de los últimos fragmentos de aluminio de algo que conoce en profundidad: los bocetos, los archivos digitales y la ejecución de la obra de Luis Gordillo para un gran mural en Madrid. Él, que fué desde el comienzo nuestro pasante, se ha ganado la confianza entregándole el colofón de esta aventura artística. Con ese espíritu crítico con el que resolvió siempre su trabajo, dona esta obra al proyecto de Boadilla de Rioseco Arte.
“Tuyas son la cabeza con la tierra al cuello y la mano que se agarra con decisión a la esquina. Un certero autorretrato.
Sigue con impulsos como este para que podamos seguir disfrutando con tu arte” J.C. Melero.Este mural es parte de nuestro agradecimiento a GORDILLO por todo lo que ha donado a Boadilla.

Colada al sol

Tendido en la era

Con las 120 planchas de un gran mural que nos donó Luis Gordillo, se han realizado dos obras que están instaladas, con carácter permanente, en ambos márgenes de la carretera conocida por los boadillanos como de las rondas. Más concretamente, nos encontramos en el punto kilométrico primero de una P 930 ya descatalogada.
En este margen, en el que se encuentra la era de Emiliano Pedro, se han ordenado fragmentos de aluminio muy desiguales en color y tamaño. Desde lejos ha quedado un enorme friso o franja sobre la pared de la gran nave. De cerca puede parecer un tendedero industrial con una atrevidísima colada de ropa de cama y mesa tendida al sol. Este mural es parte de nuestro agradecimiento a GORDILLO por todo lo que ha donado a Boadilla.

La galería

Millones de colores

Los preparativos realizados para el gran mural de Luis Gordillo están aquí colgados. En los cinco lienzos impresos en millones de colores sobre algodón, están a escala los 210 fragmentos de aluminio que el pintor sevillano donó para que fueran colocados en un espacio público en nuestro pueblo. Con los archivos digitales, hicimos nuestras primeras simulaciones, que no difieren mucho de lo realizado en las Naves de Neme y Emiliano Pedro.

Esta galería es posible gracias a la generosidad de Bernardo y Luis Melero. La coincidencia de nuestro apellido no es más importante que la larga amistad mantenida desde nuestra infancia con esta singular pareja de hermanos. Estos lienzos son parte de nuestro agradecimiento a GORDILLO por todo lo que ha donado a Boadilla.

Pregones

El retorno y la memoria

Pregón de las fiestas patronales 2013

A más de uno de vosotros os costará creerlo pero este, el de subirme y asomarme al balcón del ayuntamiento, es uno de los peores tragos de mi vida. Para este melgo de Paula Melero, tener que hablar en público es un suplicio, un mal sueño y una tortura. ¡Nunca antes lo hice!.

Hace un par de años, Javier Cuevas, nuestro alcalde, me invitó a dar el pregón. Con mucho tiento y mucha educación me excusé diciéndole que sería capaz de hacer cualquier cosa menos asomarme a vosotros desde aquí para pregonaros las fiestas. Me da pavor hablar en público.

Las cosas que tiene la vida, dos años después fui yo quien, con tiento y muy educadamente pedí al alcalde permiso para subirme a este balcón y deciros algo que mi corazón y el de mi familia necesita expresar después de estos largos meses de visitas hospitalarias.
Y aquí me tenéis frente a vosotros, sobreponiéndome e intentando superar una de las pruebas más difíciles de mi vida. Hoy he querido ser yo el os que os traiga, hasta este pueblo del que nos sentimos tan identificados por ser el lugar de donde partimos, un mensaje de cariño y gratitud. Sois muchos los que os habéis interesado por la salud de mi hermano y por el estado anímico de mi familia. Cuantas misas y cuantas oraciones han salido desde vuestros corazones mientras dirigíais la mirada al limpio cielo de Boadilla. Esas plegarias las ha recogido La Virgen del Amparo con todo el cariño.

Hace un año que desde este mismo balcón de este emblematico edificio, mi hijo Hans os dirigió un entrañable pregón. Cruzó medio mundo como embajador de su pueblo, para traernos el saludo de los habitantes de Santiago de las Misiones, nuestros hermanos en la República del Paraguay. Hace meses que decidí recoger el testigo de tan significativa intervención.
Este edificio desde donde me dirijo a todos vosotros me trae entrañables recuerdos. Recuerdos grabados en mi memoria de niño con lápices de colores. Y ahora que soy mayor, y me falla un poco la memoria, los voy archivando digitalizados en lápices negros.
Recuerdo de pequeño que en una de las hojas de la puerta de esta Casa Consistorial había un enorme buzón. A él veníamos con las cartas que siendo niños escribíamos a la hora de la siesta en las vacaciones de verano. Cartas redactadas con mi hermano, que iban dirigidas a Paula Melero, nuestra madre.

Mi abuelo Mariano Melero, un hombre de fino humor, siempre que veníamos al ayuntamiento con el sobre nos preguntaba si el buzón sabía el destino, a lo que a continuación añadía, “para que llegue a su destino tienes que decirle al buzón dónde va”. “Si no se lo dices, puede que llegue a un destino equivocado” Le hice caso, y hablé con el buzón. A la tercera mi tia Amparo, hermana de mi abuelo, pasaba por allí y me pilló charlando con la puerta. ¿Estás hablando solo galán? “Si. Me dijo mi abuelo que tenía que decir al buzón la dirección donde va la carta, para que sepa a dónde llegar. ¡Hay melguin! tu abuelo te ha tomado el pelo!
Siempre que paso por delante de este edificio me acuerdo de la broma de mi abuelo Mariano, del buzón, de las enormes puertas grises y de los tórridos veranos de aquellos últimos años 60. Parece que fue ayer, pero han pasado unos cuantos años, cuesta decirlo y más asimilarlo, pero fue en el siglo pasado.

Este edificio, además de consistorio, durante los últimos años sesenta y primeros de los setenta el salón de plenos fue usado como aula escolar para los niños más pequeños, debido al derrrumbe de las escuelas de la calle Pío XII.
Las antiguas escuelas ocuparon el lugar donde hoy está situado el mural de la Memoria Compartida. Se ha cambiado la superficie negra de los viejos encerados por un colorido mural de nuevos rostros de amigos muy lejanos.

Este edificio es historia viva de cuanto ha acontecido en las calles, en las casas y a los habitantes de Boadilla. En sus dependencias se tallaban a los quintos. Aún hoy en el salón de plenos, aquí a mis espaldas, se puede ver el útil usado para hacerlo.
Para muchos, diría que para casi todos aquellos jóvenes que no habían superado nunca los límites de nuestra Tierra de Campos, de aquí salian con el billete en la mano del primer y, seguramente, más largo viaje de su vida. Un viaje siempre obligado por la obligatoria mili.

Las paredes de este edificio han servido desde hace años como humilde galería de arte. De sus blancas paredes colgaron la serie de exposiciones temporales del proyecto cultural llamado Cauces Iberoamericanos.
Entre otras, se mostraron imágenes de “El río sequillo en Boadilla”, “el río Paraguay en el corazón de América del sur”, “el río de la vida en Ecuador”, “Un río de color de Guatemala” y “el Río interior en Perú”. Una ocasión para conocer mundo navegando por las dos orillas del océano.

A los pies de este edificio, ahí donde estais vosotros, recuerdo mis primeras salidas nocturnas, mis primeras juergas con amigos diferentes a los del internado, y los primeros bailes al son de los grupos contratados por la municipalidad o por el cofrade mayor al que correspondía organizar la fiesta aquel año.
Aquí se organizaba el primer baile, probablemente el más esperado por ser la primera noche de fiesta. Para mi suponía toda una aventura de iniciación a la madurez. Aquí, a esta plaza, me acercaba a por agua antes de comer y aquí, en este espacio, me enamoré por primera vez. No diré de quién, por si está presente.

Desde este balcón donde me encuentro, os veo a vosotros y también acierto a ver rostros de gente que conocí aquellas noches de verbenas y que, desgraciadamente debido a las leyes naturales, ya no están entre nosotros. Rasgos y gestos que el tiempo no ha podido borrar.
Muchos de aquellos rostros siguen aquí hoy, pero muchos más ya no los veo desde hace algún tiempo, rostros y nombres que solo alcanzo a retenerlos en la memoria.

Para finalizar quiero manifestaros un deseo sincero, para la tarde de hoy, para los días de fiesta que disfrutaremos y para el resto del año. ¡Compartamos la memoria con aquellos que aunque lejos, aún están entre nosotros!.

Y para los que emprendieron el más largo viaje de sus vidas, brindémosles, hoy precisamente más que nunca, un rinconcito de nuestra memoria. ¡Seguro que disfrutaremos más y viviremos mejor!

¡Bendita memoria compartida!
¡Bendita gentes de estas tierras!
y ¡Bendita Virgen del Amparo!
Felices fiestas

FJM_ 7 septiembre 2013

48 Baja

Apuntes sobre Boadilla

Toño Coloma

La dilatada historia de nuestro pueblo nos ha proporcionado una arquitectura, unos nombres, multitud de obras de arte y algunas costumbres que con el paso del tiempo, hemos ido olvidando o cambiando su sentido tradicional. Quiero aprovechar la oportunidad que me dan con la publicación de este libro para recordar algunos lugares muy concretos y, con las limitaciones de un agricultor y ganadero como yo, situarlos brevemente en su contexto histórico.

Boadilla de Rioseco, ¿de dónde viene? o ¿de cuándo data?. Procede de Bobatella en Rivulo Sicco, que hace referencia a la presencia de bueyes en esta zona y al río que baña nuestras tierras. Este nombre es, probablemente, de finales del siglo IX o primeros del siglo X, fechas en las que se repobló nuestro pueblo, posiblemente con el sistema de presura de terrenos cultivados hecha por mozárabes venidos de Al-Andalus. La primera vez que vemos este nombre es en el año 920, cuando el rey Ordoño II y su mujer Doña Elvira donan a su fiel tajón Iven Addala la villa de San Miguel sobre el río Sequillo, y nombra a Bobatella In Rivulo Sicco como uno de sus linderos. Esto nos permite pensar que ya llevaba varios años de existencia. Este mismo fenómeno le vemos en otros documentos de este mismo carácter y época para definir otros asentamientos.

Tejadillo: es el nombre del despoblado de nuestro término municipal más conocido y del que más huella nos ha quedado. No sabemos la fecha de su fundación. La primera noticia que tenemos de él es del año 1058, por una donación de casas hechas al monasterio de San Facundo de Sahagún. Y a dicho monasterio pertenecía, según el Becerro de presentaciones de la diócesis de León, una de las dos iglesias de este pueblo, la de San Salvador. La otra iglesia, dedicada a Santa María, era de la orden de Santiago, y llegó hasta el año 1803, en que fue mandada demoler por su estado ruinoso, como la ermita de Tejadillo. No sabemos cuando quedó despoblado, pero tuvo que ser entre los siglos XIII y XIV, puesto que el lunes 24 de Julio de 1420 se firma una concordia en la iglesia de Santa María de Tejadillo para el reparto y utilización conjunta de este despoblado entre Boadilla y Villalón, lo que daría lugar a un largo pleito entre ambos ayuntamientos, que no se solucionaría hasta bien entrado este siglo. La resolución final fue bastante positiva para nuestro pueblo, pues dos terceras partes del despoblado pasaron a ser de Boadilla. De estos litigios hay un precioso libro del siglo XVI en el archivo municipal, con las primeras sentencias y los límites del comunero. Algunos pagos que fueron de Tejadillo: Valverde, la Loma, Herreras, Temiño, Bazatos, Frieras, la Lumilla, el Portillo, etc. Por cierto, la senda del portillo era el camino de Herrín a Tejadillo y de este a Villacarralón. Hasta el siglo XVIII se iba de romería a la ermita de Tejadillo y se celebraba allí una fiesta de todo el pueblo como podemos leer en el libro de Becerro de Santa María, Las Letanias del Corazón de Jesús: debían de asistir todos los clérigos del pueblo y el lunes se sale de la iglesia de San Pedro, y antes se iba a la ermita donde duraba la función todo el día, y se cometían mil excesos que gracias a Dios se han terminado desde que se arruinó esta ermita …(S-XVIII). La imagen de la patrona de esta ermita , antigua iglesia parroquial de Ntra. Sra. de Tejadillo, se encuentra hoy en la ermita del Amparo. Es una preciosa talla tardogótica policromada que en la actualidad se encuentra en un pésimo estado de conservación pese a ser una de las imágenes más antiguas de nuestro pueblo.

Zarapicos: otro conocido pago cuyo nombre proviene de un pequeño pueblo del siglo X, llamado Vill Zarapipi. La primera referencia que tenemos de él es del año 982, cuando aparece como lindero junto a Villanueva (otro despoblado de Boadilla), para delimitar a Villa Donno Iohannes (despoblado de Villacidaler). Tenía una iglesia dedicada a San Pedro. No sabemos cuándo se despobló, pero cuando se hizo el becerro de Behetría a mediados del siglo XIV, por mandato del rey Don Pedro I, nos dice que es lugar de la Abadesa de Vega y del monasterio de San Facundo de Sahagún y textualmente pone “en lo de Sant Facunt non mora y ninguno” lo que nos hace pensar que en la otra parte si, pero que la decadencia de Carapies estaba a punto de terminar con su despoblación total. El último dato que nos ha quedado es del 24 de Junio de 1553, cuando el Papa Julio III da una bula por la que los diezmos de Zarapicos pasan a la iglesia de San Salvador en Boadilla.

Cañada de San Miguel: su nombre es el único topónimo que nos ha quedado de otro despoblado de nuestro pueblo y uno de los más desconocidos, y que seguramente nos ha dejado una profunda huella. Además de este nombre nos han quedado abundantes restos de ladrillos y tejas en las tierras de labor cercanas y, sobre todo, lo que yo creo que fue su fuente y su iglesia, que con el tiempo pasó a ser la ermita de nuestra querida Virgen del Amparo (antiguamente Ntra. Sra. de la Emparedada). Es uno de los primeros asentamientos de nuestro pueblo, pues en el año 920 ya estaba fundado. Su despoblación debió de ser anterior al siglo XIII, pues en el Becerro antiguo de la diócesis de León ya no hace referencia a San Miguel.

El cementerio: fue bendecido en el año 1834 por Don José Revellón, arcipreste de Boadilla, y fue costeado al cincuenta por ciento por las dos parroquias locales. Hasta esta fecha se enterró en las iglesias, con los inconvenientes que ello suponía. Se construyó sobre el solar de la antigua ermita de Ntra. Sra. de las Eras o de Cascajares. Esta antigua iglesia fue mandada derruir en el año 1712. La primera mención que tenemos de esta ermita es del año 1625 y ya estaba muy deteriorada, lo que motiva que el párroco de Santa María lleve la imagen de Ntra. Sra. de las Eras a su iglesia. El traslado provoca la repulsa de los fieles y, obligado por el señor Obispo de León, la talla se devuelve a su ermita en procesión general y se le obliga a reparar el edificio en lo que fuera necesario para que los vecinos puedan seguir con su devoción. La imagen titular de la ermita Ntra. Sra. de las Eras estuvo hasta hace unos años en la ermita de Ntra. Sra. del Amparo. Hoy, lo que nos queda a los boadillanos, son solamente fotos de ella. Era una pequeña y maravillosa talla románica, quizás la más importante de nuestras obras de arte. ¿Qué pasó con ella?. Es una lástima pero nunca se trabajó lo suficiente en su recuperación.

Eras o bodegas de San Pedro: este nombre viene de la existencia de una iglesia llamada de San Pedro de Extramuros, y que perteneció a la orden de Santiago. Sabemos que era una iglesia muy antigua pues ya en el siglo XIII aparece su nombre en el Becerro antiguo. Tenemos bastantes datos de ella; que era de ladrillo en los cimientos y el resto de Tapial, que no era muy alta y tenía una torre. Poseía unas diecisiete hectáreas de tierras. Su retablo mayor se hizo entre los años 1781-1782, por mandato del obispo de León, tras su visita pastoral a esta villa en 1778. Este retablo está hoy en la iglesia de Santa María junto a las imágenes del titular del retablo y una Piedad. También fue de San Pedro la imagen del Cristo adyacente de esta iglesia, con el que en la Semana Santa se hacía el “Descendimiento”, hasta principios de este siglo. La puerta norte de Santa María también fue de la desaparecida iglesia de San Pedro. Sabemos que tuvo un hospital de misericordia llamado de Ntra. Sra. de Arbas, que existía en el siglo XVI y que había ya una cofradía con el mismo nombre. Celebraba su fiesta el día de la expectación de Ntra. Sra. (18 de Diciembre), y que debido a sus escasas rentas el obispo de León lo agregó y fusionó al hospital de San Fabian y San Sebastián de la iglesia de San Salvador de esta villa.
Por lo menos, desde mediados del siglo XVII y hasta su desaparición, no tuvo feligreses, y por cura al de Santa María de Guaza, el cual delegaba en un Vicario, que ejercía su labor pastoral en Boadilla. La iglesia fue abandonada al culto el día 10 de Septiembre de 1824, con la entrega de libros, ropas, alhajas, etc de este templo al Arcipreste de Boadilla. La iglesia fue desmontada en el año 1852, de aquí se sacaron hasta los ladrillos de los cimientos y hoy de sus columnas y capiteles tenemos fragmentos en las puertas de muchas casas. Los restos humanos se enterraron en el nuevo cementerio.

El puente: El 24 de Diciembre de 1779 fueron dadas por concluidas las obras de construcción del nuevo puente y de las calzadas que le atravesaban. La necesidad de hacer un nuevo puente era antigua, pero se hizo inaplazable cuando la noche del 17 de Enero de 1774, se produjo una terrible inundación que causó gravísimos daños materiales, anegando los campos, multitud de casas, la ermita de la cruz y la iglesia de San Salvador. No se producen desgracias humanas porque los toques de campanas despertaron a nuestros antepasados cuando dormían. Las autoridades locales se ponen en marcha y consiguen que el corregidor de Carrión mande a Boadilla al arquitecto Don Sancho Menéndez de la ciudad de León (3 de Abril de 1776), para realizar el proyecto definitivo del puente con un coste de 312.000 reales a pagar por los pueblos de veinte leguas a la redonda (110 kilómetros). El proyecto dice que debe ser un puente de piedra y de siete arcos con pasamanos. Además de excavar el río 3,5 kilómetros hacia arriba y dos kilómetros hacia abajo, se mandó rehacer las calzadas que se dirigen hacia Cisneros (camino de la ermita), Villada (camino de la estación) y Guaza.

Boadilla de las Avellanas: es un apodo o segundo nombre que algunos de nosotros hemos oído desde pequeños, y que estuvo muy extendido por la comarca y aún mas lejos, durante siglos atrás y hasta el diecinueve, como podemos comprobar en el mapa de Tomás Lopez del año 1782 sobre la provincia de Palencia, en el que aparece fuera, en la provincia de Toro, nuestro pueblo dominado como Guadilla de las Avellanas. Este nombre se debió a la muy merecida fama que tenía el tueste de las avellanas hecho en nuestro pueblo, y que servía para complementar las rentas de nuestros antepasados. En uno de los libros de nuestro archivo municipal del siglo XVI vemos que era una tradición dar el día de Ntra. Sra. de Agosto vino y una colación de avellanas por parte del regimiento de la villa a sus vecinos. Debió ser tal el bullicio que se hacía que se intentó prohibir, pero fue imposible.

00 JL

Espacios para la recuperación del paisaje. 

Una mirada romántica del territorio.

José Luis López Moral.

En primer lugar quiero dar las gracias a Francisco Javier Melero, al pueblo de Boadilla de Rioseco y a la editorial Franjamelero por el apoyo prestado para llevar a buen puerto esta acción. Este trabajo se engloba dentro de un proyecto mayor que propone la recuperación de los espacios románticos del paisaje. Con estas intervenciones se busca presentar un paisaje fuera de circuitos convencionales. Este trabajo huye de los convencionalismos del paisaje en la fotografía del siglo XXI. Su objetivo es construir a través de la documentación del paisaje actual, un camino de regeneración del romanticismo.

Hasta el siglo XIX el paisaje, había sido un mero aditamento dentro de la obra de arte. Es a partir del romanticismo, cuando el paisaje se puede equiparar a la pintura de historia. Con la llegada del romanticismo se manifiesta un gusto por lo nuevo, lo oculto, lo que escapa a nuestra comprensión, en definitiva lo que esta fuera de nuestro alcance. En la pintura romántica se cristaliza una sensibilidad muy acusada por la soledad y la indefensión del hombre frente a la abrumadora inmensidad del paisaje.

Mi fotografía apuesta por estos postulados, dentro de un marco acorde con los planteamientos actuales del arte, haciendo una fuerte apuesta por las nuevas tecnologías, para la localización y datación de los espacios representados.

Su objetivo es registrar mediante la fotografía cada uno de los espacios elegidos. Se trata de seleccionar emplazamientos que no estén asociados al paisaje al uso. Huyendo en todo momento del artificio del paisaje de guías y turistas accidentales. Es un “Work in progress” a través de la geografía nacional. La intención de esta “Mirada romántica del territorio” es buscar la esencia del paisaje romántico.

El proyecto surge de la necesidad de crear un nexo de unión entre la pintura romántica y el pictorialismo. Corrientes a las cuales me encuentro muy unido, pese a la distancia en el tiempo. Sacar a la luz la belleza oculta de unos paisajes abandonados a su propia autodestrucción es el motivo fundamental de este proyecto. Seria relativamente sencillo caer en la trampa de la denuncia al abandono y de las proclamas en contra de lo que afea el paisaje. Pero hay una conexión entre este paisaje y mi trabajo, que me lleva a un nuevo espacio estético y mental. Que me predisponen a un nuevo proyecto de regeneración del paisaje.

http://www.lacabraseechaalmonte.com/blog/jose-luis-lopez-moral-espacios-para-la-recuperacion-del-paisaje/

Memoria_Compartida_BoadilladerRosecoArte

Planeta Niemeyer en el cementerio

C del Río

Los hermanos Melero, conocidos por intervenir artísticamente en Boadilla de Rioseco, convierten material de trabajo en una constelación que decora la tapia de la necrópolis

Los discos de corte usados en el centro cultural decoran un camposanto en Palencia

Los hermanos madrileños Juan Carlos y Francisco Javier Melero, que hace algunos años sacaron del anonimato a la pequeña localidad palentina de Boadilla de Rioseco gracias a sus sorprendentes e ingeniosas intervenciones artísticas al aire libre, miraron hacia el norte para organizar la última de ellas. La construcción del Centro Niemeyer llamó la atención de los artistas que, en contacto con los jefes de obra, solicitaron los discos de diamante para corte y los discos abrasivos con los que trabajaban, con tamaños de entre 30 hasta 200 centímetros de diámetro, para darles una nueva vida. Una función más artística, y más viva, que el depósito de chatarra al que estaban destinados.

Además de los usados en el Centro Niemeyer, solicitaron los empleados en la obra de uno de los edificios de la Ciudad de la Artes y las Ciencias de Valencia, firmada por Santiago Calatrava, y en la Torre Repsol de Madrid, de Norman Foster. Discos de obra con pedigrí para redecorar las anodinas tapias del cementerio de Boadilla de Rioseco, una localidad de un centenar de habitantes, donde el cuño de los hermanos Melero se deja contemplar en la estación de ferrocarril, en naves de almacenamiento, en las bodegas y hasta en los laterales de algunas viviendas. El pueblo se ha convertido así, por obra y gracia de unos hermanos que se consideran diseñadores gráficos y fotógrafos antes que artistas, en una sala de arte al aire libre.

Los discos que ahora decoran una de las tapias del cementerio municipal, la oriental, se emplearon en el pulimentado del pavimento de hormigón blanco de la ‘ plaza abierta’ del Centro Niemeyer. Una vez conseguidos por Juan Carlos Melero, fue el artista guatemalteco Alejandro Noriega quien se encargó de pintarlos. Con nuevo color y disposición en vertical conforman el ‘Polvo estelar’, una de las tres piezas de la instalación ‘Planetas y satélites’.

Las otras dos son ‘Réquiem del purgatorio’, con los utensilios de trabajo de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, y ‘Cuestión de tiempo’, de la torre Repsol de Norman Foster.

La obra de Juan Carlos y Francisco Javier se puede ver también en algunas estaciones del Metro de Madrid, en Fuendetodos (localidad natal de Francisco de Goya), en Córdoba, en Antigua y en aerogeneradores o carreteras como la M-503.

El monte Parnaso en la meseta

Rural Contemporánea
Piensan más dos cabezas que una. Y más pintan, diseñan, arreglan y un largo etcétera, cuatro manos que dos. O al menos parece que les da resultado a los hermanos Juan Carlos y Francisco Javier Melero.
Además de para pensar y diseñar, estos hermanos funcionan como un tándem inseparable ya desde que nacieron hace 53 años en Madrid. Hijos de madre soltera y mellizos, Juan Carlos y Javier pasaron su infancia entre las paredes y estrictos internados de Auxilio Social salvo para escaparse, durante los meses de verano, a Boadilla de Rioseco (Palencia), la localidad natal de su familia y origen de su propio apellido.
Más adelante, y manteniendo el dueto, hicieron del diseño el centro de sus vidas. Sus murales y sus trabajos gráficos decoran desde múltiples paradas de Metro de la capital hasta los aerogeneradores de Fuendetodos, localidad zaragozana en la que nació Francisco de Goya, pintados con personajes y situaciones de los lienzos del maestro. No obstante, nunca perdieron de vista ‘el pueblo de sus amores’.
En un intento por sacar al municipio del anonimato, y de “convertirlo en la sala de arte al aire libre más hermosa del mundo“, en palabras de Javier, los dos empezaron a crear espectaculares murales con los que decorar sus calles.
El pequeño municipio palentino es para ellos lo que el monte Parnaso para los poetas, su centro neurálgico de inspiración. Tantos buenos momentos pasados en este ‘oasis vacacional’ unieron para siempre a los dos hermanos con esta villa. Hasta el punto de sentirse responsables de su presente, de su futuro e incluso de su aspecto.
“Vemos que el sitio al que le debemos tanto va desapareciendo“, explica Juan Carlos. “Era nuestra vía de escape, nuestro pueblo aunque no naciéramos ahí”. Y es que Boadilla de Rioseco es un pueblo más de los que están experimentando despoblación en nuestro país.
Los hermanos Melero han realizado numerosas exposiciones temporales en la localidad, pero fue hace diez años cuando su proyecto más original y llamativo empezó a cobrar forma.
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De vuelta al pueblo

Yoya Souviron

Abandonadas o casi deshabitadas, varias localidades españolas recuperadas en los últimos tiempos nos bridan diferentes y atractivas experiencias de turismo rural. En plena Tierra de Campos encontramos un pueblo convertido en museo al aire libre. Es una de las sorpresas que ofrecen algunas localidades en proceso de recuperación.

Estaban condenados a ser borrados del mapa, pero el destino les ha dado una segunda oportunidad. Existen multitud de pueblos que a mediados del siglo XX quedaron sin un solo habitante o con unos pocos que se resistieron a cerrar sus casas. El calor del hogar y las tertulias en la plaza dieron paso a la maleza, la ruina y el silencio. Sin embargo, el auge del turismo rural y el empeño de algunos valientes por mantener vivas las tradiciones y costumbres del campo han hecho posible que en los últimos años muchas de estas aldeas abandonadas o con un futuro incierto resurjan de sus cenizas y se conviertan en un fascinante modo de viajar al corazón de la España más rural.
Iniciamos esta aventura en Boadilla de Rioseco, en la provincia de Palencia. La milagrosa medicina que ha curado a esta pequeña localidad de su lenta agonía hacia el olvido ha sido el arte contemporáneo, transformándola en un original museo al aire libre, sin puertas ni horarios, en plena Tierra de Campos.
La idea partió de los hermanos madrileños Juan Carlos y Francisco Javier Melero. Gemelos casi idénticos y profesionales del diseño gráfico y la fotografía se propusieron rescatar del anonimato la localidad en la que habían pasado los mejores veranos de su infancia, días felices que transcurrían entre campos de cereales, almacenes de grano, palomares, chapuzones en el río Sequillo y comidas campestres junto a la fuente del Amparo. Y lo hicieron de la mejor forma que sabían, cubriendo el pueblo de su familia materna de murales y obra gráfica de gran formato, creados y financiados por ellos mismos.
Los proyectos de su empresa FranjaMelero (www.franjamelero.com) pueden verse también en varias paradas del metro y carreteras de Madrid o en los aerogeneradores de Fuendetodos, la localidad natal de Goya. Los materiales utilizados van desde el acero, el aluminio, la tela o el vinilo hasta restos de elementos utilizados en otros montajes, que en lugar de acabar en la basura, han sido reciclados y aprovechados para que sigan cumpliendo una función estética.

Poemas y dibujos
El lento y laborioso proceso para transformar Boadilla de Rioseco en el pueblo del arte comenzó en 2010 y tiene un largo futuro por delante. En él han colaborado activamente los vecinos, que ven con agrado cómo cada vez se acercan por allí más visitantes. Actualmente son poco más de cien habitantes, pero puede que algún día vuelvan a alcanzar los más de mil que vivían cuando funcionaban la escuela y la estación de ferrocarril.
Llegamos a Boadilla de Rioseco y nos encontramos con un gigantesco mosaico bautizado como “La memoria compartida”. Se compone de 1.200 fotografías que recogen más de 3.000 rostros de los habitantes del pueblo paraguayo de Santiago de Misiones, con el que la localidad está hermanada desde 1996. A partir de ahí, el paseo nos lleva hasta la vieja estación semiderruída, cuya fachada acoge “El telegrama”, un poema escrito por Juan Carlos en 1977. Su disposición recuerda a los textos de los viejos telegramas que salían en tiras de papel y que el telégrafo se encargaba de cortar y pegar para que el mensaje cobrara sentido.
El color y la inspiración inundan todo el pueblo. El exterior de la iglesia de Santa María está decorado con bellas estampas religiosas. Sobre la cal de muchas viviendas se han adherido enormes imágenes serigrafiadas de la naturaleza y las tradiciones rurales de esta tierra. De los silos en los que antaño se almacenaba el grano cuelgan impactantes perfiles en acero de una madre y sus hijos, mientras que los viejos y desconchados muros de bodegas y palomares se han convertido en una explosión de formas, dibujos y fotografías. “Colada al sol” es una de las obras más valiosas del conjunto, ya que trata de 120 planchas pertenedientes a un gran mural donado por el prestigioso artista sevillano Luis Gordillo.

Materiales recuperados.
Este no es el único nombre de fama internacional que surge al recorrer las calles del pueblo. Las tapias del cementerio lucen toda una constelación de discos de diamante para corte y discos abrasivos utlizados en la construcción del Centro Niemeyer de Avilés. A este original firmamento, se unen otros discos de trabajo usados en el L’Hemisféric de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, del arquitecto Santiago Calatrava, que forman el pentagrama imaginario de una sinfonía en memoria de los que ya descansan en el camposanto.
Las ruedas dentadas de acero que en su día cortaron el granito, el mármol y el hormigón de la Torre Repsol de Madrid, firmada por Sir Norman Foster, también se encuentran allí representando el engranaje de un inquietante reloj que marca el tiempo que nos queda para pasar al otro lado de la valla. Como la propia Boadilla de Rioseco, estos materiales de trabajo han logrado salvarse del olvido para convertirse en arte al aire libre.

Recomendaciones
Dónde comer. En Tierra de Campos, la gastronomía castellana es rica y contundente. Casa Pili, en la localidad de Villada, a 8 kilómetros de Boadilla de Rioseco, es una buena opción para probarla. Su propietaria lleva toda la vida entre fogones elaborando platos típicos como la sopa de ajo, el lechazo asado en horno de leña, la merluza a la cazuela y postres caseros. Tiene menús a precios muy asequibles, entre 10 y 13 € (Plaza Mayor, 9. 979844661)
En Cuenca de Campos, el restaurante La Tata recibe a sus huéspedes en el interior de una antigua bodega (San Pedro, 1. 983761131)

Dónde dormir. El hotel rural Ventas del Alón, en Villalón de Campos, es un establecimiento acogedor y de trato familiar. Habitación doble 55€ (San Juan, 6 983740951. http://www.ventadelalon.es).
En Villada, El Señoría cuenta con 8 habitaciones decoradas en estilo rústico en una antigua mansión del siglo XIV, con un bonito patio y varias terrazas. 72€ la habitación doble. (Plaza Mayor, 3. 979844252. http://www.elsenorio.es)

Qué ver. Boadilla de Rioseco está estratégicamente situada para hacer la etapa del Camino francés de Santiago entre Carrión de los Condes y Sahagún, dos de las localidades con más historia y solera de Tierra de Campos, donde los monumentos guardan bonitas leyendas medievales. La segunda es conocida popularmente como el Cluny español por la importancia que tuvo en su día la orden de San Benito. El recorrido incluye una antigua calzada romana, varios monasterios y abadías, ermitas románicas y vestigios de la presencia de los templarios en esa comarca. En total son unos 25 kilómetros, en los que es importante ir bien protegido por el sol, ya que buena parte del camino no tiene sombra alguna.
El Correo. 02.10.2015

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Solearse sola

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La primera foto del proyecto Boadilla de Rioseco, una mirada romántica al paisaje, encargado a José Luis López Moral fue esta imagen (arriba a la derecha) de una casa que quedó abandonada hace más de 50 años y que sirvió de hogar a la familia Gil-Blanco. Cerca de la Casilla de Bazatos se cruzaban una estrecha carretera comarcal con una línea de tren de vía estrecha.

Hacía muchos años, más de 45, que no había vuelto a ver la casa desde el ángulo que la había captado José Luis aquella fria y soleada mañana de abril, porque hacía más de 45 años que por allí no pasaba ningún tren. Yo dejé de visitarla cuando sus habitantes, que eran familiares míos, la abandonaron. Desde entonces pasé cientos de veces en coche por delante de su puerta, cuando llegaba al pueblo y cuando volvía a Madrid desde la estación de tren de Villada, situada a tan solo 8 kilómetros.

La casilla de Bazatos era una construcción solitaria a poco más de 2 kilómetros del pueblo. Allí vivieron, hasta la clausura del ferrocarril, el matrimonio compuesto por Mariano Gil y Benita Blanco con sus cuatro hijos. Mariano era el encargado (guardarrail) de que ningún vehículo de tracción animal, o más tarde de motor, interrumpiese el lento caminar de tren. Para ello disponía de una barrera que subía o bajaba según el caso. En 1966 pasó el último tren y se bajó la última barrera. La familia emigró a otro destino, cuando se clausuró el servicio ferroviario por el nulo tráfico de viajeros y mercancias de la línea. Desde aquellos lejanos días yo no pisaba el pequeño oasis formado por la casa con su media docena de árboles, el pozo de agua, un pequeño trozo de tierra en el que había una huerta y unos cercados de alambres donde había gallinas, alguna oveja, un escandaloso cerdo, varios perros de caza y algún gato. Para mi, aquella casa era como una pequeña arca de Noé, mi pequeño paraíso.

Recuerdo vagamente la casa, sobre todo la pequeña chimenea que había en el salón nada más entrar a la izquierda. Siempre estaba encendida con carbón, que era el combustible que utilizaban las pequeñas máquinas de vapor que arrastraban los cuatro o cinco vagones del “tren de la burra” que así se le llamaba popularmente al lento convoy que hacía el trayecto desde Villada a Medina de Ríoseco y que pasaba dos veces al día en ambas direcciones por allí, a escasos 20 metros de la puerta de la Casilla de Bazatos.
Día y noche, durante meses, la chimenea echaba humo porque antaño los inviernos eran muy fríos y tremendamente largos. La solitaria casa no tenía nada que la protegiese allí, en medio de la estepa castellana, cuando soplaba el helador viento de los cercanos Picos de Europa. La casilla, a diferencia de las casas de adobe del pueblo (tierra y paja), estaba sólidamente construida con ladrillo macizo. 50 años después de ser abandonada, aún resisten en pie las cuatro paredes que sustentaban el piso superior y el tejado. En el pueblo había tres casas exactamente iguales, cada una de ellas en diferentes puntos de la línea ferroviaria. Dos de ellas hace mucho tiempo que desaparecieron, la piqueta se ocupó de dejar el terreno despejado para otros menesteres más rentables económicamente.

Cuando era apenas un niño e iba a visitarles, salía a disfrutar del tímido sol del invierno junto a la familia. Por allí apenas pasaba nadie, algún que otro carro tirado por un par de mulas, los primeros y ruidosos tractores y los pocos coches que circulaban por aquellos años. Alguna vez tuve el privilegio de bajar la barrera para que pasase el pequeño tren de vía estrecha. Me gustaba el pitido que daba el maquinista a modo de saludo, me encantaba la estela de humo que dejaba tras de sí la locomotora y el olor del carbón.

Muchos años después quiso el destino que volviese de nuevo, en esta ocasión con un excelente artista en una mañana fría pero soleada. La casa seguirá soleándose y a partir de ahora, ya no se sentirá tan sola. José Luis ha logrado llevársela a muchos puntos cardinales del planeta. Gracias a la magia de internet y sobre todo, gracias a su mágica mirada. Nadie que no sea él, es capaz de imaginar una obra de arte como esta, antes de hacerla. Que suerte tenemos en Boadilla de Rioseco Arte.

Colaboración para el libro La Ruina Series, de José Luis López Moral

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Un poco de arte y mucha vida

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Por qué rescatar a un pueblo de Tierra de Campos del anonimato a través del arte. Podríamos haber dado una vuelta al mundo, pero hemos preferido que el mundo se de una vuelta por aquí. Nuestra galería de arte no tiene puertas, tampoco horarios. Se puede acercar todo aquel que lo desee a la hora que quiera.

Nuestro primer apellido, Melero, viene de este pueblo, es el lugar donde están nuestras raíces y los mejores recuerdos de nuestra infancia. Estudiábamos en un internado y cuando veníamos a pasar las vacaciones de verano a casa de nuestros abuelos Mariano Melero y Juliana Blanco, aquí, entre las polvorientas calles sin asfaltar, descubríamos el mundo. Un mundo de libertad que no conocíamos. Boadilla de Rioseco no es solo un punto perdido en un mapa, es una referencia muy importante de nuestra memoria. Y de nuestra familia.

Cuando nos preguntan el porqué del proyecto de rescatar del olvido al pueblo donde tenemos nuestras raíces siempre contestamos que lo hacemos por amor a nuestra madre Paula Melero, por amor al arte y por amor a Boadilla.

Nuestro principal objetivo es el de convertir sus calles en la sala de arte al aire libre más hermosa y original del mundo. Otra de las metas es lograr que mucho de los viajeros que pasan velozmente por las dos carreteras que cruzan el pueblo, recuperen el sosiego de los caminos y de los viajeros de antaño antes de las autopistas y el afán por llegar cuanto antes, y hagan una parada para disfrutar de tan exclusivo proyecto. Por último, otro de los objetivos, tan importante o más que los anteriores, es volver a situar a Boadilla en el mapa, que no sea una población que languidezca y se agote con el paso de los años. Nos negamos a ver cómo un pueblo del que guardamos tan bellos recuerdos, esté cayendo en el anonimato y en la despoblación hasta llegar a desaparecer. Creemos que un proyecto como éste, de Boadilla de Rioseco, Arte contra el olvido, podría servir como ejemplo de una nueva actividad económica que genere empleo y atraiga algo de turismo cultural en esta desolada y necesitada Tierra de Campos. El tiempo será el que valore nuestra iniciativa.    

Una galería muy original

El proyecto ya lo veníamos fraguando desde hace años y fue en marzo de 2010 cuando dimos el primer paso con la instalación del mural La memoria compartida, un homenaje a nuestro pueblo hermano de Santiago de las Misiones en la República del Paraguay. En 1200 collages fotográficos están reflejados más de 3000 amigos santiagueños. Por aquellos días también quedaron instalados en lo que queda de la antigua estación la obra titulada El telegrama, un poema de uno de nosotros compuesto en 1977, cuando teníamos 17 años. De nuestra colección de fotos, hecha a lo largo de más de 40 años por las calles y a la gente del pueblo, hemos seleccionado media docena de fotografías que se han repartido por diferentes puntos de Boadilla, bajo el genérico título de Disparos en blanco y negro. “Tras muchos años de acumular disparos en blanco y negro, Juan Carlos ha seleccionado seis para estamparlas sobre aluminio. Es como dar la vuelta a las paredes y confundir el interior con el exterior de las casas, las cosas y la calle”,

Galgos y palomares quiere rendir un homenaje a nuestros paisanos, sus costumbres y al paisaje de Tierra de Campos. Un año después, en marzo de 2011, cuatro naves del pueblo quedaron engalanadas con nuevos trajes. Nave de fieles en la iglesia de Santa María, Nave de granos en los silos a la entrada del pueblo por la carretera de Villada. Nueva nave nueve en la antigua vaquería de la familia Carriedo-González, y por último, Nave de paja, de la familia Cuevas-Ramos, a la entrada del pueblo por la carretera de Villalón.
Después, en el verano de 2012, en el barrio Juto se instaló el mural titulado Nueva señalización. En la nave de Neme González se montó la obra El pasante y enfrente, al otro lado de la carretera, en la imponente nave de Emiliano Pedro Yera se colgó la obra Colada al sol. El título hace referencia a cuando, siendo pequeños, íbamos con nuestra abuela a la era para tender la ropa en la hierba al sol.  En 2013 una imprevista y grave enfermedad de uno de nosotros, nos impidió seguir ampliando la galería de arte por las calles de Boadilla. Después de unos largos meses de hospitales, retomamos la actividad en agosto del año siguiente.

En el verano de 2014 y con la inestimable colaboración de vecinos y veraneantes del pueblo instalamos una de las obras más impactantes, bajo el nombre de Las vueltas que da la vida, se intervino en tres de las cuatro tapias del cementerio. En la tapia orientada al este colgamos Polvo estelar, una obra donada por el artista guatemalteco Alejandro Noriega. En la tapia que da al sur, instalamos Requiem purgatorio de Juan Carlos y la que da al oeste, Cuestión de tiempo de Javier.

En un pequeño solar donde en su día estuvo el lagar de Graciano Milano, quedó colgada la obra Pide un deseo, un conjunto de 7 grandes cuadros impresos en aluminio que representan 7 cajas de sorpresas. Aquella calurosa semana de agosto también nos dió tiempo para dejar expuestas las obras Echar Raíces en una de las paredes de la casa de Mercedes Díez y Lagarto lagarto, en la plaza del Salvador.  Por último, en el interior de la iglesia de Santa María se expuso al publico la exposición Invierno en primavera. Estuvo expuesto durante 3 meses el trabajo de un gran artista, José Luis López Moral. 30 fotografías hechas al paisaje de Boadilla durante cuatro visitas de éste en las cuatro estaciones metereológicas. Más que fotografías diría que son unos cuadros que nadie más, que no sea López Moral, es capaz de imaginar antes de hacer. Una suerte para nuestro proyecto el haber podido contar con su colaboración.

Las armas del arte

“Nuestra profesión tiene que ver con la intervención en grandes espacios, empezamos a pensar en hacer algo así en el pueblo, utilizando sus espacios para colgar determinadas obras. Nos pusimos en marcha, recibimos los permisos pertinentes sin problemas, y en la medida en que hemos dispuesto de recursos, porque detrás del proyecto no hay nadie más que nosotros, nos hemos permitido el lujo y el placer de colgar, decorar o intervenir algunas fachadas o calles del pueblo”. Todas las obras instaladas son donadas al pueblo, el Ayuntamiento pasa a ser el propietario de ellas. Todas menos una. La obra titulada Echando raices la hemos donado a una persona muy especial, al nieto de Mercedes, al hijo de Juan José Areños y, a su vez, sobrino de Alexis. El título hace referencia a lo que nos gustaría a muchos de nosotros, que el pequeño Carlos eche raíces en el pueblo donde vió por primera vez la luz su padre. Parece que vamos por buen camino.

Una pequeña lección (de un pequeño y pacífico pueblo) para algunas autoridades y otros municipios con delirios de grandeza, millonarios presupuestos, grandes desfalcos y abultadas deudas que tendrán que pagar otros.

Este proyecto lo estamos financiando sin ayudas los hijos de Paula Melero. Hay que añadir algo que es muy importante para seguir apostando por este proyecto vital; que contamos con la ayuda y la generosidad de todos los vecinos de nuestro pueblo, quienes nos ceden muy amablemente las fachadas de sus casas o de sus corrales o de sus pajares, también de algunas naves, palomares y establos… para que podamos exponer lo que nosotros consideramos que es arte contemporáneo. ¿Quién es más generoso, el que exhibe lo que hace, o el que cede sus paredes? Podríamos haber dado una vuelta al mundo, pero hemos preferido que el mundo se de una vuelta por aquí. De momento parece que no vamos por mal camino, poquito a poco van pasando y paseando por nuestras calles forasteros para ver lo que estamos haciendo entre todos. “La reacción de la gente en estas primeras fases, la emoción y el entusiasmo que está despertando entre los vecinos, a mí me ha hecho llorar. Hay cosas que no se cambian por dinero”, concluye Juan Carlos.

Lo mejor está aún por llegar. Para recordar el pasado, confiar en el presente y apostar por el futuro.
¡Seguro que si!

Colaboración para el libro Boadilla de Rioseco en la historia, de Juan Antonio Coloma Salcines

05 El telegrama

Estaciones de ida, trenes de vuelta

Francisco Javier Melero

La primera vez que llegamos al pueblo donde vivían mis abuelos y donde nació Paula Melero, fue en un pequeño tren casi todo el hecho de madera.

Cuando éramos pequeños y se acercaba el verano, en el internado se podía respirar un ambiente de víspera de fiesta y los niños estábamos todos revolucionados pensando que nos esperaban muchos días de libertad fuera de los muros de aquellos tristes colegios de Auxilio Social. Una señal inequívoca de que se acercaba la fecha era, al despertar, el sonido del trinar de los pájaros y la luz que se colaba por las ventanas abiertas de los grandes dormitorios donde dormíamos decenas de niños.  Con el buen tiempo llegaban también las fechas de ir comprando algo de ropa para sustituir a la del año anterior que ya se nos había quedado pequeña.

La primera vez que fuimos a Boadilla llegamos a la pequeña estación en un viejo vagón de madera del tren de la burra. Nos contaba nuestra madre que una gitana le ayudó a bajar a uno de nosotros. A Paula Melero siempre le faltaban manos para atender a sus dos melgos a la vez. Éramos muy pequeños, pero recuerdo vagamente el interior del diminuto coche de madera, el olor a carbón y la preciosa estación de ladrillo. Lo que no recuerdo es a la gentil señora que ayudó a la hija de Mariano Melero y Juliana Blanco. Unos años más tarde el tren se clausuró por falta de rentabilidad económica. Este acontecimiento coincidió en el tiempo con otra revolución, la mecanización del campo, lo cual marcaría para siempre el futuro del pueblo. En la década siguiente el pueblo llegó a perder más de 600 habitantes que tuvieron que emigrar a otras provincias porque las grandes y costosas maquinarias agrícolas dejó sin sustento a numerosas familias de labradores.

Tan cerca y tan lejos

Volviendo a las idas y venidas, los años siguientes los viajes los hacíamos en un tren que le llamaba el correo. Salíamos desde la estación del Norte de Madrid y viajábamos toda la noche a una velocidad lentísima y parando en casi todas las estaciones del recorrido. De madrugada llegábamos a la estación de Villada, allí nos estaba esperando Nicolás el de la Teodora y en su taxi nos llevaba a Boadilla. Recuerdo que ya desde las rondas veía a mis abuelos en la puerta de su casa esperando a que llegásemos. Las despedidas eran muy tristes y casi siempre de noche, que era cuando pasaba por Villada en el tren que venía de Gijón.
Muchos años después, sigo volviendo a Boadilla haciendo el trayecto en los sorprendentes trenes que hay ahora. Hoy los viajes son más cortos y menos intensos emocionalmente. Antes los trenes estaban divididos en departamentos de 8 viajeros, ahora no hay esa cercanía porque aún estando muy cerca unos de otros, estamos separados por un largo pasillo. Antes, como los viajes duraban tanto, enseguida surgía un tema de conversación o sacabas un trozo de buen pan y longaniza del pueblo y compartías lo poco que había con gente que acababas de conocer. Hoy cuando te quieres dar cuenta, el tren de altas velocidades ya está frenando porque el viaje llega a su fin. Hay veces que se echan de menos los viajes en los trenes de antaño.

Hace casi 50 años el tren, muy lentamente, se detenía en la vieja estación de Boadilla hasta que llegó a clausurarse. Luego llegó el momento de bajarse de otros trenes más largos y confortables que te dejaban, después de toda la noche de viaje, en el vecino pueblo de Villada, a 8 kilómetros. Y por último, en estos tiempos de velocidades vertiginosas, se llega tan deprisa que apenas te da tiempo de bajarte en Sahagún, a más de 20 kilómetros de mi destino habitual. Con los años el tren se ha ido alejando de Boadilla y nos ha ido alejando de nuestro destino. Está todo tan cerca que cada vez nos dejan más lejos.

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Restos

Rosa María Estremera, 2015

Estático quedó en el olvido
los caminos transitables
en el albor de la historia.

De la vida que no fue,
salpicada por los vacios
de un tren errante.

Aquél, que contaba las margaritas
que crecieron en otros lugares.

Cuando tú no estabas.

Bordeando los muros inaccesibles
de un recuerdo no elaborado.

Ausente y yermo.

Como la fachada enladrillada
de los anhelos.

¿Qué contiene en su ruina
los ecos mudos de aquellos labios?

Lágrimas que nunca se apearon
sombras que perdieron su destino.

La brisa que peina los sueños
se entretuvo en coser
un camino alternativo.
Franqueando la amargura.

Entre verdes.
Inexistente.
Solo.

Y con el hilo perdido, tejió
esperanzas de recuerdos
en los adioses del último
vagón de tu desprecio.

Colaboración para el libro La Ruina Series, de José Luis López Moral

P1450113 doble baja.jpgGuillermo Monsanto en la estación del ferrocarril y con Erika, Ángel y Javier delante de su obra. Boadilla, 24 julio 2017

Arte contra el olvido

Guillermo Monsanto/ Relato
29 junio 2017

Creo que pocos entienden el significado de un pueblo fantasma. Algunas definiciones señalan que son aquellas localidades que han sido abandonadas, por la totalidad de sus habitantes, debido a fenómenos sobrenaturales relacionados a sus cementerios. Los menos supersticiosos entienden que, en el proceso de desalojo, hay factores afines a las oportunidades que empujan a los más jóvenes a buscarse la vida en ciudades con más oportunidades laborales. De este modo se van quedando solos los más viejos quienes, tarde o temprano, tienen que rendir cuentas con el Creador. En ese proceso, esas comunidades toman vida momentánea, en algunas de sus fiestas tradicionales o el verano, para luego entrar en un letargo de meses.

Juan Carlos y Francisco Javier Melero, en mancomunidad con los moradores y otros cómplices, se propusieron no dejar desaparecer Boadilla de Rioseco creando un proyecto artístico que está transformando el paraje en una inmensa galería de arte. Sueño que está teniendo frutos y me parece, fue determinante en el perfil actual de aquella pintoresca ciudad. Los Melero, es importante recordarlo, tienen un vínculo importante con Guatemala debido a su generosidad de obsequiar un importante contingente de libros de arte a la Biblioteca Municipal, becar algunos artistas a España para formarlos a través de tutoriales y las cajas de gráfica digital de autores como Efraín Recinos o los hermanos Abularach, entre otros muchos. Ello, amén de financiar desinteresadamente a varios artistas emergentes para que pudieran independizarse y encontrar una profesión con qué sustentar su futuro.

Boadilla de Rioseco es una población de Tierra de Campos (Palencia, España), cuyo soporte económico tradicional proviene de la agricultura y la ganadería ovina. Su evolución puede rastrearse desde la edad de hierro y las primeras referencias escritas son del año 920. Jardines llenos de rosales, retorcidas avenidas, casas pintadas, dos enormes iglesias, una ermita en medio de la campiña, paisajes inmejorables y paredes llenas de arte son la presentación con la que se recibe al turista. Pero ¿por qué rescatar este pueblo del anonimato cruel del progreso? Javier Melero dice que podrían haber dado una vuelta al mundo, pero hemos preferido que el mundo se dé una vuelta por aquí. Nuestra galería de arte no tiene puertas, tampoco horarios. Se puede acercar todo aquel que lo desee a la hora que quiera. Hay que agregar que los Melero tienen obra pública notoria en varias de las nuevas terminales del metro madrileño y que han trabajado colecciones de gráfica digital para autores de relieve internacional. La profesión de ambos hermanos tiene que ver con la intervención en grandes espacios y esto queda claro en Boadilla de Rioseco.

De momento anoto que entre las proyecciones a futuro está el llevar a cinco artistas guatemaltecos para que, a manera de intercambio, trabajen en el rescate artístico de la localidad. Claro, esto todavía está sobre el tapete. La semana entrante hablaré del trabajo chapín en aquellas tierras y otros datos relativos a la colección mural de Boadilla.

Monsanto-AlejandroLa obra De ida y vuelta de Guillermo Monsanto y Polvo estelar de Alejandro Noriega

De ida y vuelta

Guillermo Monsanto/ Relato
7 julio 2017

La semana pasada introduje la labor que los hermanos Melero han realizado en el rescate de una población que estuvo condenada a transformarse en fantasma. Hoy, Boadilla de Rioseco, es un santuario del arte. La comunidad es ya una protagonista que algunos medios están destacando y cuya acción difusora la convertirá en la parada obligada del turismo cultural. Impacta el compromiso comunitario y con él, el ejercicio de buscar un espacio sano para vivir. Algo que quizás deberíamos intentar replicar en Guatemala. Javier Melero piensa que el propósito podría servir como ejemplo de una nueva actividad económica que genere empleo y atraiga el turismo cultural. Echemos pan en nuestro matate. El arte como fuente de trabajo.

Es vital no hacerse la idea de un patrón cuadrado del arte. El solo hecho de ser pensado para exteriores ya es un buen indicio. Lo que ya se ha propuesto en la región entra en distintos campos y con lenguajes contemporáneos. Integración al paisaje sin dañarlo, por ejemplo. Instalación, arte digital. Las posibilidades no poseen más límites que no sean los que impongan los artistas. Desde allí que el reto sigue creciendo orquestado por el buen olfato que ha sabido atraer distintas y prestigiosas firmas.

En 2010 se colocó el primer mural: La memoria compartida. Éste, constituido por 1200 collages que incluyen las fotografías de unos tres mil personajes del pueblo hermano Santiago de las Misiones del Paraguay. El más reciente, titulado de Ida y vuelta, de mi autoría. Y no soy el único chapín con obra dentro de Boadilla de Rioseco. También hay un trabajo, de grandes dimensiones, creado por Alejandro Noriega. Guatemala visible en este importante proyecto, a partir de la generosidad de Juan Carlos y Javier Melero, compartiendo a la par de autores del tamaño de José Luis López Moral.

De ida y vuelta representa una alianza para honrar, a toda costa. Las relaciones de amistad y profesionales que he mantenido con los Melero, desde el 2008, han sido fundamentales en mi carrera visual, pero también en la de muchos otros creadores. Lo más significativo, han sido siempre precisas y desinteresadas. Llevadas de la mano y de la confianza en los guatemaltecos y lo que podemos hacer. Es aquí en donde se me ocurre que se puede programar un buen ejercicio de intercambio con la Madre Patria, en el que artistas emergentes guatemaltecos viajen a recibir capacitaciones, visitar espacios culturales y dejen a cambio el fruto de su labor ¿qué sugerencias me dan?

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Fredone Fone pintando su mural y la poesia escrita a máquina en el parque de El Retiro de Madrid

Palabras contra el olvido

Nuria Herrera / 21-7-17

Mi abuelo señalaba con su bastón ese árbol y me decía:
“ahí me subía yo de pequeño”,

y yo, no lo olvido.

Y la calle llena de niños jugando,
y las chimeneas funcionando,
y las mujeres andando por la carretera,
y la cantidad de agua que traía el río,

no lo olvido.

Y que un día todos se fueron,
y que la escuela quedó vacía,

tampoco lo olvido.

Y que en Boadilla del río seco,
sus hijos y los hijos de sus hijos
resisten al tiempo y al vacío,
yo lo canto, con todos los sentidos.

Desde la carretera verás un pueblo,
que lejos de ser desierto, es museo vivo.
El arte en la naturaleza, es lo mismo,

aquí lo escribo!

Y Fredone lo pinta
y de todas partes del mundo
damos a la resistencia
voz, color, testigo.

Que la muerte es el abandono
y aquí,
párate a mirar,
está todo VIVO!

Nueva pielAntes y después de la tapia de la antigua cuadra de Luis Cuevas en la Calle Mayor

Cambio de cara

F. Javier Melero. Julio/agosto 2017 

Un tatuaje nuevo para una vieja piel maquillada hace más de 30 años
Una nueva piel, que ya le hacía falta. Un nuevo traje, para la próxima función. Una cirujía plástica, de un artista brasileño. Las paredes de una antigua cuadra de vacas llevaban encaladas más de 30 años. Ahora están listas para seguirse luciendo a los ojos de los boadillanos otras tres décadas más.

O no, porque al paso que vamos dentro de nada será un traje para la defunción, porque ya no quedará nadie. De momento nos toca ser un poco optimistas y es por eso por lo que a las tapias de la antigua cuadra, donde Luis y Marcelina tenían estabuladas una treintena de vacas y desde donde abastecían de leche a la población, las hemos dado un lavado de cara a base de muchos kilos de pintura. Un trabajo de 70 metros líneales y más de 200 metros cuadrados de superficie.

Desde Espiritu Santo en Brasil. En febrero de 2016 recibo un correo desde Brasil de Fredone Fone (Frederico Franco) un artista que se había enterado por la red y sabía lo que estábamos haciendo por rescatarnos del olvido. Le gustó nuestro proyecto y estaba dispuesto a venir hasta Tierra de Campos para participar en Arte contra el olvido. Catorce meses después estaba aterrizando en el aeropuerto de Madrid. Después de un exhaustivo interrogatorio en inmigración franqueó la puerta de salida ligero de equipaje. Un macuto de tamaño medio y una pequeña mochila donde, entre otras cosas, tenía su portátil de segunda mano y un iPhone 4 que ya había tenido dos dueños anteriormente. El suyo se lo habían robado a punta de navaja hacía unos días. A su novia, que le acompañaba en aquellos momentos, también se lo quitaron.

Cama, comida y pintura. En un primer momento, cuando me dijo que quería venir a Boadilla, pensé que me estaba pidiendo que le pagara un billete de avión. Ya le advertí a las primeras de cambio que nosotros no tenemos presupuesto para hacer frente a este tipo de gastos. “No, a mi me basta con que me solucioneis la cama, la comida y la pintura que haga falta para el mural. Había visto lo que hacía y como no me parecían exageradas sus pretensiones enseguida le dije que si. Me puse manos a la obra para que todo estuviese a punto cuando llegase. Le pregunté si comía de todo y me dijo que era vegetariano. No comía carne ni pescado, de lo demás, todo. Aquí ha descubierto unos quesos de oveja curados durante meses que le han encantado. Quiere llevarse uno cuando regrese a su tierra.

Ese maldito reloj. La casa se la pedí a Mauro, su actual propietario. Al otro lado del río, cruzando un puente de piedra construido en 1779, está situada Villa Consuelo, una coqueta casita con una extensa huerta y una enorme noria. Sin duda alguna es la casa más bonita del pueblo, un capricho de un antiguo indiano que hizo fortuna en Filipinas y que a su vuelta la mandó construir para regalársela a su mujer. Allí el artista brasileño solo iba a dormir, bueno, lo de dormir es un decir. No pegó ojo las cuatro noches que estuvo allí por culpa de los ruidos y del “jodido reloj” del cercano ayuntamiento. Al cuarto día sin dormir abandonó la preciosa casa y se “acopló” en una de adobe en la plaza de Santa María. Más resguardada de los animalitos del campo y del molesto ruido cada media hora.

Apodo, colores y calores. Fredone Fone es el sastre de tan atrevido traje. Él nunca pone nombre a sus murales. Tampoco los firma. Nosotros nos vamos a saltar la primera de sus costumbres y ya le hemos puesto nombre, bueno, un apodo, como el quiere que lo denominemos. El elegido es “Traje para la función” que será la última obra, de momento, de Arte contra el olvido 2017. Algo más de 200 metros cuadrados de mural a lo largo de 70 metros de tapia, pintado en una docena de días durante el inclemente verano de la estepa castellana. Frederico Franco, es un cielo de artista trabajando en un infierno (por el calor) de colores. Había ciertas horas del día que allí no se podía estar, cuando llegaba la sombra, a eso de las 19, seguíamos pintando.

Tres décadas encalada. La vaquería la construyó Luis Cuevas, que hoy tiene más de 80 años y la pintó Marcelina, su mujer. Estuvo tres semanas dándole cal con una brocha subida casi todo el tiempo a una escalera. Creíamos, ilusos de nosotros, que sería llegar allí y empezar a pintar, pero no, nos aconsejaron quitar los restos de cal con una Karcher, una especie de “vaporetta” enorme con ruedas. Fredone Fone siempre utiliza el blanco, el negro, diversos grises y el rojo. Con tres tonos e infinitas formas geométricas es capaz de crear unos murales muy personales, alegres y llenos de vida. Este nuevo “Traje para la función” de 70 metros de largo, está formado por tres piezas diferentes. El resultado es un vestido que ya quisieran lucir las damas de la alta sociedad en sus días de función ¿O defunción?

Poema
La reina del prado en la antigua estación y el Cristo en la Nave de fieles

Estación de la Memoria

© Daniela Bartolomé

Corriendo hacia las mientes el recuerdo
desgabanado andén de la memoria
de la mano del arte vino el cielo
ataviado como maja de Goya.

El cristito explosivo y cruzifixo
deambula los colores en pasillo
superando la calma en verde inciso
suerte de viaje afrontando el camino.

PregonesClara y su hija Paula, al fondo el grupo escultórico de Felix J. Reyes Arencibia

Paula y Clara

© Daniela Bartolomé

Conversan entre ellas con el silencio

Paula, sentada; Clara en pie preguntándose el ¿por qué?
-¿Por qué, nos quieren calladas?-

Clara de pie pliega sus alas y dice en eco:
¿por qué? ¿Por qué nos matan?

Paula responde vetas en alto, ancha cadera con pie volátil:
“-Clara, ¡no sé!-”

poema

Lazos contra el olvido

La Torre del Valle se convierte en galería al aire libre y se hermana a través del arte con Boadilla de Rioseco

M. A. Casquero 30.08.2017 | 00:26

A cercarse a La Torre del Valle es todo un ejercicio placentero porque los sentidos se nutren de ricas sensaciones con el arte que rezuman sus calles y edificios. La localidad se ha hecho arte contra el olvido, en pro de alimentar la memoria del visitante al contemplar los expresivos murales en los que se reflejan esos retazos de la memoria. Y ello a través de una galería del arte contra el olvido en la que los propios vecinos han sido cómplices de este alumbramiento.

La culpa de todo ello la tienen sus inquietos promotores, tanto la alcaldesa Alicia Nefzi como un grupo de artistas comandados por Francisco Javier Melero, Patricia Mateo y José Luis López Moral que han tomado como referencia la “galería de arte contra el olvido”, como así se denomina el proyecto abierto ya en la localidad palentina de Boadilla de Rioseco.

El hermanamiento por el arte contemporáneo ha sido posible entre estas dos localidades, la zamorana de La Torre del Valle y la palentina de Boadilla de Rioseco gracias a la galería de arte al aire libre.

Artistas como los citados Patricia Mateo y José Luis López o Hacko Kräne, Dicka, Firme, Pago, Waje y Loky, apoyados por los vecinos de La Torre del Valle y con la colaboración del Ayuntamiento, Patronato de Turismo de Zamora, Diputación Provincial, Boadilla de Rioseco Arte, Casa rural antigua estación de Pobladura del Valle y “Kobra Spain.spray art”, todos ellos se pusieron manos a la obra este fin de semana plasmando sobre edificios municipales y alguno particular, este primer recorrido por el arte.

Una idea surgida a raíz del documental emitido el pasado 2 de junio en TV 2 “Arte contra el olvido” sobre la galería del arte en Boadilla de Rioseco. Desde entonces se fraguó la iniciativa entre Melero y Nefzi procurando que las calles de La Torre atraigan a visitantes en esa “lucha constante” que el equipo de gobierno liderado por Nefzi pretende evitar la desaparición de este pueblo rico en historia.
La inauguración de la galería se hacía con una copia del retrato de la “Reina del prado”, una interpretación con algo de ironía de la obra de Goya de la reina Maria Luisa de Parma. Los artistas plasmaban sus obras en los edificios y los primeros visitantes de la galería mostraban ya su complacencia.

Pregon Javi

Mercedes y Albino Casares en el verano de 1991. Javier con Rosa, Carlos y Javier Melero poco antes del pregón de las fiestas de 1997

Queridos amigos, queridos boadillanos

Javier Casares / 7 septiembre 2017

Es un gran honor que os hayáis acordado de mi para pregonar estas fiestas de la Virgen del Amparo que tantos y buenos recuerdos guarda mi memoria. Quiero agradecer al alcalde y a la corporación municipal la confianza que habéis depositado en mí para compartir con vosotros , éste momento inovidable.

Conocí Boadilla de Rioseco hace ya casi 52 años y durante todo este tiempo la fecha del 7 de septiembre brilla con luz propia en el calendario. Desde entonces el inicio de las fiestas del pueblo, es para mi uno de los días más señalados del año .

Por un lado el verano toca a su fin y por otro comienzan tres días donde el espíritu festivo inunda todo el pueblo. Tiempo para la alegría , la convivencia , la algarabía, de baile con orquesta y para arrojar en las hogueras todas las malas llamas que nos puedan quemar.

Quiero compatir con vosotros estos días con entusiasmo y buen hacer para pedir a Nuestra Patrona clemencia en lo que a la climatología se refiere para la próxima campaña agrícola. Siempre me he considerado un defensor de Tierra de Campos,de su paisaje, de sus costumbres y de sus gentes.

A Boadilla me la llevo conmigo , esté donde esté. Y reconozco que es mi paisaje favorito con sus estaciones tan marcadas, con sus contrastes y sus colores. Siempre que tengo oportunidad no dejo de contar a todo el mundo mi admiración por ésta tierra y así lo seguiré haciendo.

Desde hace años celebro que el proyecto de Javier y Juan Carlos Melero “Memoria contra el olvido” haya convertido el pueblo y su entorno en una gran sala de arte que hace que sea un motivo para conocer esta localidad que cada día atrae a mas gente.

Un pueblo, mi pueblo con vuestro permiso, donde he pasado todos los veranos de mi niñez, con una actividad intensa, un no parar de un lado para otro, sin móviles , ni internet y poca televisión , salvo algunas noches en casa de tío Miguel y tía Luchi. Eso sí con las lecciones de Lucio, los viajes a la piscina de Villada ,las carreras por las eras, las parvas, los trillos , las bicis y mi primo Fernando, los arreglos de los pinchazos, las paradas obligadas en el puente, los paseos después de cenar, mis primeras fotografías, la misa del domingo para comprobar si D. Jesús batía su propio récord de duración eucarística, los partidos de pelota en el frontón, el R-7 de tío Miguel, las vacas de Yayo, las ovejas de Bernardo, las partidas de ajedrez , el bar de Nicolás y sus helados de Avidesa, la aventura del locutorio de la Paca, la era de mi primo Emiliano y su suegro José María con su famosa pala de pilas eléctricas que no pesaba, ir a comprar a la tienda de la Nina, los que iban de caza, los perros, las motos de Rafa y su famosa Guzzi 55 a la hora de la siesta, el Tour de Francia en casa de Alicia Marcos teniendo como comentaristas a sus padres Toño y Maribel y como experta a su abuela Nena con sus cigarros Bisonte.Las sopas de ajo de Silvano, correr por los huertos y por las ciruelas sulfatadas ,mi tío Valper y sus Muros del Nalón y volver en tren con mi hermano Carlos porque empezaban las clases.

Con el tiempo los veranos fueron cambiando, pero la presencia de Boadilla se mantiene. En el existir de cada cual hay siempre unas figuras de gratitud, seres benefactores que atienden nuestra alma.

Y no estaría aquí , si no fuera por mis padres, Mercedes y Albino , asturiana ella y boadillano él, a los que quiero dedicar éste pregón. Al igual que a mis hermanos Merce, Tere,Pepe,Rafa,Nano,Male y Carlos , a mis cuñadas , cuñados , sobrinas ,sobrinos y a mi resobrín

También al alma del pueblo que con palabra callada nos convoca cada año para que Boadilla siga en nuestros corazones. Y como no ¡a mis tres amores: Rosa, Beatriz y Silvia que comparten conmigo la vida y el amor por esta tierra.

Y siguiendo el consejo de una sabia matemática, que la mejor palabra está siempre por decir, todo pregón que empieza ha de acabar por que hay mucho que hacer estos días Para las peñas que ya calientan motores!

Chiguitos y chiguitas ¡!

Majonas y majones ¡

Señoras y señores ¡

¡Viva La Virgen del Amparo ¡

¡ Viva Boadilla de Rioseco!

Felices Fiestas y muchas gracias

Boadilla de Rioseco , 7 de septiembre de 2.017

Pregones

Boadilla de Rioseco, una sorpresa esperanzadora

Carrión Digital / José Badiola. 3 octubre 2017

Los hermanos Francisco Javier y Juan Carlos Melero, fotógrafo y diseñador madrileños descendientes de Boadilla, pensaron en su momento –hace ya algo más de 10 años-, plasmar sobre las paredes de su pueblo ciertas intervenciones plásticas que desde entonces jalonan su paisaje y que bajo el epígrafe “Arte contra el olvido” pretenden justo eso, ante la patente y parece que irremediable despoblación rural de Castilla y León.

Boadilla de Rioseco, aunque suene a Valladolid por su apellido, es un pueblecito palentino junto al río Sequillo -de ahí el nombre precisamente-, que frecuentemente pasa desapercibido por su situación un tanto en tierra de nadie, a apenas 9 kilómetros de Villalón en la carretera que une esta localidad vallisoletana con Villada. Es más, para conocerlo bien, hay que separarse de la carretera tangencial a la localidad y descender por unos accesos un tanto incómodos, pero que descubren un pueblo con más recursos de los que se intuyen. Un pueblo por cierto, vital aún, que se niega a perecer en el anonimato.Una localidad relativamente grande de tamaño que en su momento tuvo cierta importancia –hasta 1.375 habitantes en 1900- como denotan sus dos monumentales iglesias de San Salvador y Santa María. Un pueblecito de trazado irregular y anárquico que permite descubrir cantidad de recovecos inusitados.

Pero, además de esto, para cualquier visitante que no conozca aun lo que hoy contamos, la sorpresa será mayor al ir descubriendo, desparramadas por sus calles –y no solo por éstas-, varias intervenciones artístico-plásticas realmente impresionantes.Una idea de los hermanos Francisco Javier y Juan Carlos Melero, fotógrafo y diseñador madrileños descendientes de Boadilla, que pensaron en su momento –hace ya algo más de 10 años-, plasmar sobre las paredes de su querido pueblo ciertas intervenciones plásticas que desde entonces jalonan su paisaje y que bajo el epígrafe “Arte contra el olvido” pretenden justo eso, ante la patente y parece que irremediable despoblación rural de Castilla y León.Y para ello, invitaron, y siguen haciéndolo, a numerosos artistas –ya van más de 20 entre los que se encuentran Roberto González, Patricia Mateo y José Luis López Moral, Javier Felipe González, Andrés Martínez Trapiello, Luis Gordillo,… y más recientemente el brasileño Fredone Fone- a realizar acciones sobre muros, construcciones y objetos de la localidad que han convertido ésta en un admirable museo o galería al aire libre. Ellos mismos, consiguiendo discos radiales empleados en obras de los arquitectos Óscar Niemeyer, Norman Foster o Javier Calatrava, rodearon los muros del cementerio cuan engranajes de un reloj simbolizando “Las vueltas que da la vida”. O plasmaron una poesía de Juan Carlos en grandes placas metálicas sobre la antigua estación del ferrocarril que transcurría paralelo al río y desde hace 60 años abandonada.

Actuaciones dentro del proyecto que denominan Boadilla de Rioseco Arte (BdR_A), que convive con los vecinos y va formando parte de sus vidas alegrando, ornando y dotando de hitos y personalidad sus calles, plazas, naves y arrabales.La última intervención de Fredone Fone es espectacular. Realizada en la calle V. Fragoso del Toro (calle Mayor) durante el pasado mes de julio bajo el título Mudança de Pele (Cambio de piel), impresiona realmente al sacar de contexto un cerramiento multiforme surgido de ampliación en ampliación de una propiedad privada, con una fuerza plástica (de colores planos rojo, negro, grises y blanco) realmente bella. Y, al fondo, el contraste ocre de la iglesia de Santa María. En nuestro próximo número hablaremos de los avatares realmente interesantes de esta intervención concreta.

¡Ojala cada pueblo tuviese algún vecino con ideas como ésta de los hermanos Melero!

No se lo pierdan.

Es toda una esperanza.

Nosotros

“A través del arte hemos situado a Boadilla en el mapa”

Francisco Javier Melero, promotor de ‘Arte contra el olvido’ en Boadilla de Rioseco

“Podríamos haber dado una vuelta al mundo, pero hemos preferido que el mundo se dé una vuelta por aquí”. Esta frase resume la filosofía del proyecto ‘Arte contra el olvido’, auspiciado por los mellizos Javier y Juan Carlos (Madrid, 1958) –el primero nació un cuarto de hora antes que el segundo– en el pueblo natal de su madre, Paula Melero (Boadilla de Rioseco,1939-Madrid,1987), que les tuvo de soltera con 18 años.
Estos hermanos –Javier, diseñador gráfico, casado y con dos hijos (Paula y Juan Carlos); y Juan Carlos –fotógrafo y soltero– han creado en la pequeña localidad donde pasaron su infancia un museo al aire libre, sin puertas ni límites, en el que han colaborado más de 20 artistas. Esta impresionante galería de arte a la intemperie, que arrancó en 2010 y que cuenta con más de 30 instalaciones, persigue, a través del arte, poner freno al abandono que padece este lugar víctima de la despoblación. Una loable iniciativa que estos mecenas –gerentes de la empresa creativa Franja Melero– pretenden extender a otros pueblos de Castilla y León.

JOSE ROJO / 2 noviembre 2017

Pregunta. La creación de un museo al aire libre en Boadilla de Rioseco arrancó en el año 2010. Pero, ¿cómo y cuándo se gestó la idea?
Respuesta. Desde el año 1989 venimos agitando las aguas de la cultura en el pueblo a través de exposiciones fotográficas de nuestros viajes. Juan Carlos trabajaba por aquel entonces en ‘El Semanal’ y estaba continuamente viajando y atesoraba un material que merecía la pena, bajo nuestro punto de vista, positivar para enseñar. Es a partir de 2009 cuando empezamos a valorar la posibilidad de atraer a otro tipo de visitantes interesados en el arte. Arrancamos una fría jornada de marzo con la instalación del mural ‘Memoria compartida’, un homenaje a los habitantes de Santiago Misiones en Paraguay, el pueblo hermanado con el nuestro en septiembre de 1996.
P. ¿Podría decirse que ‘Arte contra el olvido’ es fruto de la añoranza de los años vividos en este pueblo que se ha instalado de forma permanente en su memoria y en la de su hermano para anclarse eternamente en dicha localidad con este proyecto?
R. Los recuerdos más bonitos de nuestra infancia provienen de nuestras vacaciones en Boadilla de Rioseco. Cuando salíamos de las cuatro paredes del internado en los calurosos veranos de Tierra de Campos, descubríamos el mundo y la libertad a través de este pequeño pueblo, donde antes vivían 400-500 habitantes. Aquel paisaje con su paisanaje ya es cosa del pasado. El tiempo ha borrado paisajes y se ha llevado a muchos paisanos que conocimos.
P. ¿El fin último es proyectarlo al exterior para frenar el abandono y el olvido del lugar donde forjaron su personalidad?
R. La frase que acuñamos en los primeros momentos resumen muy bien la filosofía del proyecto. Y dice así: “Podríamos haber dado una vuelta al mundo, pero hemos preferido que el mundo se dé una vuelta por aquí”. Con lo que ya nos ha costado, bien podíamos haber dado una vuelta al mundo o seguramente dos si no hiciésemos escalas.
P. ¿Qué les ha dado esta localidad para volcarse con ella?
R. Como decía anteriormente, de aquí provienen los recuerdos más bonitos de nuestra niñez, también el saber que aquí están las raíces de donde venimos, y, por último. la generosidad y el entusiasmo de los boadillanos, que han asumido el proyecto como propio y nos ceden sus paredes para montar, poco a poco y entre todos, la galería de arte más original del mundo.
P. Hoy, más de 30 obras gráficas, firmadas por distintos artistas, jalonan edificios y calles de esta localidad cuya población ronda los 122 habitantes. ¿Hasta dónde quieren llegar y con qué objetivo alcanzado se conformarían?
R. Tenemos que decir que ya hemos alcanzado los objetivos que nos propusimos en un principio. El primero era rescatar del anonimato al pueblo donde nació Paula Melero. Y, luego, hemos llegado a más lugares de los que hubiésemos imaginado al comenzar esta aventura. Hemos llevado el nombre de Boadilla más allá de los límites de la región. No sólo hemos situado al pueblo en el mapa, hemos cruzado, a través de las redes, la frontera de más de 96 países de los cinco continentes. Nuestra meta está por lo tanto superada, lo que no quiere decir que “hasta aquí hemos llegado”.

Estación
P. ¿Tienen intención de extender el proyecto por Castilla y León?
R. Tenemos nuevos proyectos; entre otros. abrir ‘franquicias’ en otras pueblos con los mismos problemas de despoblación. Las calles de Boadilla se nos están quedando pequeñas para rescatarnos del olvido por medio del arte. La Torre del Valle en Zamora y Villacarralón en Valladolid han sido las primeras poblaciones donde ya se han situado obras de Patricia Mateo, José Luis López Moral y del brasileño Fredone Fone. Villalón, Villada, Cisneros, Villafrechós,… serán las siguientes metas a conquistar.
Tengo que ir a ver a los alcaldes para presentarles nuestras intenciones. Lo de ir por los despachos explicando el proyecto, pidiendo permisos y buscando algo de financiación es una labor que no me gusta nada.
P. ¿Quién financia ‘Arte contra el olvido’?, ¿reciben alguna ayuda?
R. Hasta hoy no hemos recibido ninguna ayuda económica para la realización e instalación de las obras expuestas. El ayuntamiento de la villa tiene asuntos más importantes que abordar con los 131.378 euros del presupuesto anual. En los dos últimos años les hemos pedido 70 euros para abonar un par de habitaciones en el Hotel Venta del Alón para que pernoctasen dos artistas que fueron a la inauguración de una obra que ellos habían donado. Este año, con ocasión del rodaje de ‘La aventura del saber’, un programa de 25 minutos en La 2, pedimos ayuda al consistorio para abonarles el menú, 12 euros por persona; total, unos 120 euros a los cuatro integrantes del equipo de rodaje y a los 9 artistas que tan amablemente vinieron desde Madrid, Alicante e Ibiza. Se nos alegó que era un concepto difícil de justificar en las cuentas municipales. ¡190 euros! Al final, se hizo cargo de la cuenta un boadillano que valora lo que hacemos por el pueblo.
P. ¿Qué artistas o piezas seguirán contribuyendo a configurar esta singular e impresionante galería a la intemperie?
R. El proyecto ‘Arte contra el olvido’ está teniendo muy buena aceptación entre los numerosos artistas que conocemos. Una treintena de ellos están a la espera de exponer en nuestra galería. Nombres como José Manuel Ballester, Martín Giraldo, Héctor Aparicio, David Trullo, Eva Lootz, Rafols Casamada, Soledad Sevilla, Ricardo Sánchez, Raúl Díaz,…, de todos ellos tenemos obras en nuestra colección. Nos faltan ‘pueblos’ para exponer todo lo que tenemos acumulado en los planeros. Muchos de los artistas, además de donar la obra, se hacen cargo del costo de la producción. Son así de generosos con el pueblo y con nosotros.

Nave vacas copia
P. Los materiales sobrantes de grandes obras de Norman Foster, Oscar Niemeyer o Santiago Calatrava han servido para crear algunas de las instalaciones montadas en Boadilla de Rioseco. ¿Esta particularidad otorga un plus de calidad artística a la colección?
R. Yo creo que, más que los nombres de tan insignes arquitectos, lo que otorga particularidad al proyecto es la filosofía con la que comenzamos a dar los primeros pasos: poner en el mapa a través del arte a un pequeño pueblo medio perdido. Antes cruzaban el pueblo los automovilistas por la P-905. Ahora muchos de ellos se pasean por las calles y plazas de Boadilla para ver y disfrutar de algo tan original. Me dicen los boadillanos que se ven a turistas sacando fotos por las calles. Yo fui testigo de cómo un ciclista polaco se desvió de la ruta del Camino de Santiago para visitar la original galería de arte al aire libre. Cualquier día llegan a nuestras solitarias calles grupos de turistas japoneses. ¡Al tiempo!
P. Su empresa creativa Franja Melero, fundada a principios de los 80, atesora en la actualidad más de 2.000 obras de gráfica digital y fotografía de más de 200 artistas. ¿El hecho de ser mellizos ha sido determinante en la prosperidad de su negocio a la hora de dirigirlo sin fricciones?
R. Mi hermano y yo vinimos al mundo juntos, pasamos los primeros 13 años internados juntos, crecimos juntos, hicimos la mili juntos,… A día de hoy, con 58 años a nuestras espaldas, aún seguimos haciendo muchas cosas juntos. Yo estoy casado, pero nos vemos todos los días. Siempre nos hemos llevado bien, casi siempre hemos trabajado juntos y, lo más importante, hemos disfrutado mucho trabajando, casi siempre haciendo lo que nos gusta. Hubo unos años que trabajando en la ampliación del metro de Madrid ganamos concursos para la instalación de murales en media docena de estaciones. Parte de aquellos beneficios los estamos reinvirtiendo en nuestro proyecto más personal, el ‘Arte contra el olvido’ en Boadilla.
P. ¿La estrecha colaboración –desde hace más de 15 años– con el pintor sevillano Luis Gordillo ha sido clave para el éxito de Franja Melero y para ‘Arte contra el olvido?
R. El matrimonio artístico entre Luis Gordillo y Juan Carlos ha sido una de las casualidades más maravillosas y entrañables que nos ha brindado la vida. Con él hemos aprendido mucho de arte y de él hemos sabido lo importante que es la humildad de un gran hombre y de un magnífico artista. Es uno de los pintores vivos más importantes del panorama artístico nacional. A Luis le conocimos en el departamento de Estampa Digital de la Calcografía Nacional. En septiembre de 2001 el artista sevillano se acercó hasta allí con un par de pequeñas obras para escanear e imprimir. Juan Carlos era el director técnico del departamento. Luis nos confesó que llegó con mucho miedo, pues no tenía ni idea de lo que era el mundo digital. Aún hoy, 16 años después, seguimos trabajando con él y produciendo obras para algunas de sus exposiciones.

Nave vacas

Personalísimo

“Sin la red ya no somos casi nada”

– Signo del horóscopo… Sagitario.
– Vicio confesable… ¿Sólo uno?
– Película para recordar… ‘El último vals’.
– Actor… Pepe Isbert.
– Actriz… Rafaela Aparicio.
– Animal… Caballo.
– Color… El blanco.
– Libro predilecto… Aún no está escrito.
– Coche que tiene… No he tenido nunca coche.
– En cuestión de cocina se muere por… Cualquier tarta de chocolate.
– La canción que le levanta el ánimo se titula… ‘Volver a ser un niño’, de Los Secretos.
– En su relación con las personas no soporta… La prepotencia.
– Por el contrario, valora… La sencillez y la cercanía.
– Siente envidia sana por… La gente que vive en los pueblos.
– Rasgo que le define… Creo que soy una persona sencilla.
– Su gran defecto… Me temo que es inconfesable.
– Su mejor sueño… El de una siesta de verano.
– Cuando le presentan a una persona se fija en… Siempre en los ojos.
– Los sábados por la noche disfruta… Lo mismo que cualquier noche de la semana, creando con las herramientas digitales.
– El rincón favorito de su casa es… El salón, donde está mi Mac, es el sitio donde tengo más cerca el ‘router’. Sin la red ya no somos casi nada. Yo por lo menos.
– De Palencia no aguanta… A Palencia se le aguanta todo.
– Y lo que más le gusta de los palentinos es… Sus mujeres, sus madres y sus hermanas. Mi madre era palentina.

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Boadilla de Rioseco, labor de muchos en un pueblo donde apenas queda nadie

Hechos de hoy / F. Javier Melero. 29 diciembre 2017

A través del arte hemos situado a Boadilla de Rioseco, en Tierra de Campos, Palencia, en el mapa. Este ha sido un curso largo y fructífero, las calles han estado menos vacías de lo habitual porque llegó un grupo de artistas, montadores y un equipo de rodaje de TVE y muchos visitantes con sus cámaras en ristre. Solo falta que llegue algún autobús lleno de japoneses para dar por concluido nuestro objetivo de rescatarnos del olvido.

Corazón reseteando
Este año da sus últimos latidos, y no son latidos de un corazón cansado y a punto de desfallecer. Todo lo contrario, se está reseteando para volver con más energía pasado el 31 de diciembre. Han sido meses de experiencias fantásticas, se han vivido muchas emociones con cada planteamiento de nuevas obra a exponer, mucha tensión y no pocos miedos esperando a que todo saliera en condiciones en el rodaje del programa de Televisión Española “La Aventura del saber”.

Las inevitables tensiones cuando tengo que enfrentarme a las entrevistas de diferentes medios que cada día se interesan más en saber como todo un pueblo como Boadilla de Rioseco se reinventa para no morir abandonado. No lo estamos haciendo tan mal, por las calles del pueblo, se ven a muchos “forasteros” de visita a la galería de arte al aire libre más bonita del mundo.

Galería internacional
No había terminado el invierno cuando nos pusimos manos a la obra para dejar todo preparado para la llegada de un equipo de rodaje. Fueron dos jornadas muy especiales y de mucho movimiento en unas calles en las que casi nunca pasa nada.

Roberto González, Patricia Mateo, López Moral, Javier Felipe González, David Benedicte, José Manuel Nuevo, Fredone Fone y Guillermo Monsanto, nos cedieron sus obras en este curso para seguir dando pequeños pasos en el objetivo, que comenzamos hace siete años, de rescatar del olvido al pueblo donde nació Paula Melero, nuestra madre. De A Coruña, Madrid, Cuenca, Colombia, Guatemala, Brasil… han llegado de sitios muy lejanos para ayudarnos a conseguir nuestra meta. Nuestra galería se hace, con el paso de los años, más internacional.

Gracias a la emisión del programa nos hemos hermanado culturalmente con La Torre del Valle, un pequeño pueblo de Zamora. Y todo gracias al entusiasmo de su alcaldesa, Alicia Nefzi que se ha propuesto hacer lo mismo en su pueblo. Hay más hermanamientos culturales a la vista. Entre ellos con Santiago Misiones (Paraguay), Villalón de Campos, Villafrechós, Cisneros, Villada y Villacarralón.

El próximo será el año en el que daremos un primer paso en el exterior, pero eso es un tema que dejaremos para el próximo post.

Todo lo nuevo que se instaló en 2017

01 Triptico

Doblemente vigilados, La Reina del prado, Boadilla imaginaria y Pueblo viajero.

“Doblemente vigilados” de Roberto González Fernández. El protagonista de la obra se tapa la cara con sus manos haciendo la letra W. La lona de 3×2,60 metros quedó instalada en lo que antiguamente era el almacén de carga de la pequeña estación de tren. 

“La reina del prado” de Patricia Mateo y López Moral. Interpretación libre y sarcástica del famoso cuadro de Francisco de Goya de la reina María Luisa, mujer de Carlos IV. Ella ha preferido el aire fresco que sopla en Tierra de Campos al aire viciado de los visitantes del Museo del Prado.

“Boadilla imaginaria” y “Pueblo viajero” son las dos obras de Javier Felipe González E. “Las obras que componen mi propuesta para “Arte Contra el Olvido” son maquetas de arquitectura fantástica que esbozan posibilidades para un pueblo cimentado en los afectos.

02 Triptico

Tardes de paseo, Se hace saber… y Cambio de piel

“Tardes de paseo” de Andrés Martinez Trapiello. El camino de la ermita, muy corto en longitud, pero cargado de grandes historias y tradiciones. Unos paseos que el artista ha recorrido en muchas ocasiones acompañado de su mujer, Mercedes Casares.

“Se hace saber…”  de Luis Pérez Calvo. El que llegue un equipo de rodaje de TVE a Boadilla de Rioseco es un buen motivo para volver a sacar la trompetilla del aguacil y anunciar a los cuatro vientos en cada esquina del pueblo la gran noticia. ¡Que vienen los de la tele!

“Cambio de piel” del artista brasileño Fredone Fone. Éste ha recorrido más de doce mil kilómetros por puro amor al arte. Y a nuestro reto de rescatarnos del olvido. Desde Espíritu Santo en Brasil a Tierra de Campos en Castilla-León, España. Más de 48 horas de viaje.

03 Triptico

Mago de la palabra, Torres de Babel e Ida y vuelta

“Torres de Babel” de José Manuel Nuevo. 39 intervenciones en otras tantas puertas traseras. Cada dibujo está situado en una puerta trasera de una vivienda, de un garaje, de un corral o de una nave agrícola. Otra opción para salir de tu casa y escapar al cielo.

“Mago de la palabra” de David Benedicte. Un Haiko, un anuncio por palabras y varios pensamientos son algunas de las intervenciones del escritor en Arte contra el olvido. Para este prestidigitador de las palabras no hay dinero con el que pagar tanto talento.

“Ida y vuelta” del guatemalteco Guillermo Monsanto. Una treintena de hojas de los chopos del pueblo volaron en el equipaje de Juan Carlos hasta la ciudad de Guatemala. Guillermo les dió otro aire y con las mismas, volvieron para quedar instaladas definitivamente en una pared.

04 Triptico

Tesoros de papel, Memoria Compartida y la Reina del prado

“Memoria Compartida” de Javier Melero. Un lavado de cara a la primera obra inaugurada en el proyecto. El homenaje a Santiago Misiones se ha vuelto a instalar con nuevas imágenes. Miente el bolero; la distancia no tiene por qué ser el olvido. Para eso está la memoria. Siempre compartida.

“Tesoros de papel”, foto anónima. La composición de la obra “Al abrigo del invierno” es el resultado de la selección de tres imágenes diferentes del archivo familiar de Ignacio López-Aranguren. Su abuelo, su abuela y el patio de la casa en una soleada tarde de invierno.

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Alcides y Artemisa, los Guardianes de Boadilla de Rioseco en una pared de la estación

Pilar Cabeza

“Soy una enamorada de este proyecto de Boadilla”

Carrión Digital / José Badiola. 1 agosto 2019

Asistimos a la instalación en Boadilla de Rioseco de los ‘Guardianes de Boadilla’, la obra que, junto con ‘Los cuatro elementos‘, ‘Nieve en el camino‘ y ‘Lagrimas de Esperanza‘ eran presentadas a través del periódico CARRIÓN la primera quincena de mayo pasado.

El artista Juan David Urbón es el creador de estas obras con técnicas derivadas de la escultura digital y su enorme competencia expresiva en el campo de la creación plástica. Se encuentra en Italia desde hace varios años y allí ha completado su formación de Licenciado en Bellas Artes (Salamanca 2000/5) y de doctorado (Barcelona 2007/8) con un Máster en Diseño en 3D en la prestigiosa Escuela Big Rock de Venecia -2018-.Los colosos Alcides y Artemisa forman una unidad y, como decíamos, una de las últimas creaciones artísticas incorporadas a la Galería al aire libre “Arte contra el Olvido” de Boadilla de Rioseco promovida por los hermanos Melero, procedentes de esta pequeña localidad palentina situada entre Villada y Villalón de Campos.

Conversamos con Pilar Cabeza, que representa en este proyecto a David Urbón formando con él un dúo que ha hecho posible que la galería al aire libre cuente con este conjunto “escultórico”. Y lo hacemos durante la instalación en la antigua estación de este pueblecito, de las obras de su hijo —anverso y reverso— de los “vacceos” Artemisa y Alcides.

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Pilar cabeza, la madre del autor de los Guardianes de Boadilla, Juan David Urbón

Pregunta. Creo que fue a través del periódico CARRIÓN, al ver los bocetos de ‘Los Guardianes de Boadilla’ realizados por Juan David, como supiste que estaba colaborando para el proyecto ‘Arte contra el olvido’, ¿fue así?

Respuesta. Sí. Recibí el periódico en mi buzón y al leerlo me enteré de su participación en Boadilla con el artículo que hicisteis sobre la recepción por Javier Melero de las obras que habéis podido ver en esta instalación. No sabía nada y, sorprendida, inmediatamente hablé con él —que vive en el norte de Italia, junto a Venecia, donde realizó el máster de Diseño en 3 D— para interesarme por su iniciativa. Él antes había estudiado Bellas Artes en Salamanca y el doctorado en Barcelona, donde inicia su Tesis. Y fue entonces cuando comprendí que le gustaría que sus obras se trasladaran a la realidad cuanto antes, aunque sus proyectos actuales le obligaban a dilatarlo en el tiempo.

P. Entonces escribiste a Javier Melero de forma confidencial para interesarte por la posibilidad de la instalación, ¿es así?

R. Sí, así fue, y Javier me informó de la forma de realizar el proceso; la posibilidad de proponer a David abrirlo a un crowfunding, que sin duda hubiera sido una opción preciosa para este proyecto por lo que supone de reconocimiento y generosidad en común, pero el plazo para la instalación prevista no se cumpliría con este sistema de financiación colectiva. Me acordé de un rasgo de un bisabuelo de Juan David, Miguel Cabeza, que era un tanto mecenas, pero en estos días no es fácil encontrar este tipo de personas generosas hacia quienes no pertenecen a su familia, y decidí que yo misma podía hacerlo posible, pues considero esto es más importante que hacer un crucero, por ejemplo, o un gasto de otro tipo.

P. Cuando compartiste con él la ilusión de que el proyecto fuera posible, ¿cuál fue su reacción?

R. Pues como los artistas son muy suyos, dudé cómo decírselo por si le parecía una intromisión en su propio proceso y, mientras lo hacía, me emocioné y se me saltaban las lágrimas. Él lo recibió con naturalidad. Y detrás de todo esto había además mucha simbología de nuestra relación madre-hijo en la vida y a lo largo del proceso de su carrera cada uno viviéndolo a su manera. Era un bonito broche ya de adulto a adulto y con un cierto sesgo de mecenazgo. Además, Juan David procede de una familia de Medina de Rioseco y su abuelo Urbón fue una persona positiva para mí. Me hacía ilusión también el reconocimiento a su ayuda con la coincidencia de que las obras se instalaban junto al río Sequillo. Por otra parte, soy una enamorada de este proyecto de los Melero en Boadilla pues me encanta el arte contemporáneo.

Me da pena que no haya más apoyo al menos de mantenimiento de los entornos para hacer más cómoda la visita a esta galería al aire libre (segar, quitar zarzas, espigas,…) y tal vez editar alguna guía por parte de la Diputación…Decidí entonces compartir con él todos los pasos a dar y, después de venir juntos aquí a Boadilla a ver el lugar —creo que fue el pasado 4 marzo— se puso manos a la obra para realizar estos bustos de Artemisa y Alcides que acabamos de instalar. Es una obra realizada sobre aluminio con técnicas digitales muy precisas de escultura digital. Él mismo te lo explicará cuando venga a Palencia. Y, en definitiva, para mí es una suerte haber contribuido sin pretender protagonismo alguno pero disfrutando la gratitud de Francisco Javier Melero Blanco y la generosa acogida de Luis Melero.

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Luis Melero

El último pastor del pueblo

y el primer galerista de Boadilla

Carrión Digital / 1 agosto 2019

Luis Melero, además de ser el último pastor del pueblo y agricultor es ¡¡¡galerista!!!. La suya es una de las galerías más originales del mundo. Las paredes de la vieja estación, que en su día compró a la empresa propietaria, se van llenando, al cabo de los años, de importantes obras de reconocidos artistas. Arte contra el olvido tiene su punto neurálgico en lo que queda de la vieja estación, un edificio que se abandonó a su suerte hace casi 60 años.
El telegrama de Juan carlos Melero, Boadilla imaginaria y Pueblo viajero del colombiano Javier Félix, La reina del prado de Patricia Mateo y José Luisn López Moral, Doblemente vigilados de Roberto Gónzalez Fernández y por último, los Guardianes de Boadilla de Juan David Urbón. No serás los únicos porque aún esta virgen la fachada oeste del edificio central de la estación. Luis siempre a estado apoyando, desde el primer momento, la iniciativa de rescatarnos del olvido a través del arte.

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